Para situarnos nos ponemos en el Km. "cero", o sea el centro de España, donde empiezan todas las carreteras nacionales, pues aunque el centro geográfico se ubica en el Cerro de los Angeles, que también esta en nuestra comunidad, el Km. "0" es más conocido y visitado, por ser el punto desde donde se miden todas las distancias a cualquier parte que queramos viajar.

Estamos en la Puerta del Sol, de espaldas al Edificio de la Comunidad de Madrid - que en principio fue Casa de Correos, después Ministerio de Interior y Dirección de Seguridad del Estado - y ahora Palacio de la Comunidad de Madrid

Era el año 1520, y los nobles y esforzados castellanos de Toledo, Segovia, Avila y otras muchas poblaciones, capitaneados por buenos y valientes caballeros, peleaban en defensa de las libertades populares.

Y como buscaran los comuneros el apoyo de los Concejos, Don Juan Padilla, por encargo de Toledo, escribió a Madrid una carta, que en el Archivo Municipal debe conservarse, cuya data es la del 25 de febrero de 1520, pidiendo auxilio, que prontamente le otorgaron los generosos madrileños.

Así en armas se alzó el pueblo de Madrid, en pro de las Comunidades, capitaneado por el bachiller Gregorio del Castillo, y por Don Juan Negrete, diputado de la collación de San Ginés.

En lo más moderno de la villa construyeron fortificaciones, barricadas y fosos, y en el oriental lindero de la población dicen unos historiadores que los rebeldes levantaron un castillo, y afirman otros que convirtieron en fortaleza la puerta allí existente, en cuyo arco representábase un Sol, tal vez porque miraba a Oriente.

De cómo pelearon los comuneros de Madrid son buena prueba los combates reñidos junto a la citada puerta y la toma del Alcázar, donde a la bizarría del interino alcaide Don Pedro de Toledo y de la alcaidesa Doña María de Lago, se opusieron el fiero e irresistible empuje de los madrileños, mandados por Castillo y Negrete, cuyos nombres debieran figurar en el Congreso de los Diputados, junto a los de Padilla, Bravo y Maldonado.



La Puerta del Sol hacia 1833.
Grabado Museo Municipal, Madrid

Este castillo o puerta, que de conservarse sería un monumento a la Libertad, fue, según cuenta López de Hoyos, derribada el año 1570 para dar amplitud y desahogo a tan principal salida de Madrid.

Su emplazamiento debió de ser, aproximadamente, el que hoy ocupa la estación del Metropolitano, de frente a la que hoy es la Carrera de San Jerónimo.

La piedad regia, movida por una epidemia que despobló Madrid, alzó, entre la calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo, un hospital, fundado no sabemos si por Enrique IV o por los Reyes Católicos, que Carlos I habilitó para soldados y criados de la real Casa, bajo la advocación del Buen Suceso, con lo que se memoraba al milagroso hallazgo que, en las montañas de Cataluña, hicieron los hermanos obregones de una imagen de la Virgen.

Este hospital fue derribado en 1854, para alzar otro con idéntica finalidad y nombre en la calle de la Princesa.

Frente al Buen Suceso, de pobre y antiestética traza, lucía una bella fuente, hasta que en 1616 fue sustituída por otra con la estatua de Diana, y a la que el zumbón vecindario bautizó con el nombre de la "Mariblanca". Puestos de carne y verduras contribuían a hacer poco apetecible el lugar.

El espacio que actualmente ocupa el Palacio de la Comunidad de Madrid era antes un amasijo de casuchas, en número de treinta o cuarenta. Otras edificaciones semejantes formaban la callejuela del Cofre.

La entrada de la calle Espoz y Mina era la lonja del convento de la Victoria, y la que es ahora la calle del Correo, fue antaño el comienzo del convento de San Felipe el Real, cuyas gradas fueron escena de no pocos famosos acontecimientos y mentidero, y muy nombradas sus covachuelas.

Una estocada en San Felipe el Real probó la galantería, el valor y la destreza del inmortal Quevedo. En el solar de San Felipe el Real se construyó la casa de Cordero, donde se halla el Bazar de la Unión, que luego fue del famoso Manzanedo.

A esas casuchas situadas entre las calles del Arenal y Mayor, junto al palacio de Oñate, iban de picos pardos los varones de la época, hasta que el emperador Carlos trasladó a lugar no muy lejano las mancebías públicas.

Ya bien mediado el siglo XVIII, en 1768, la Puerta del Sol vió levantarse el ministerio de la Gobernación, y como en España por aquellas fechas todo es torpeza y paradoja, torpeza fue no confiar su construcción a Ventura Rodríguez, el famoso arquitecto municipal, cuyos planos eran admirables, para confiar su erección al francés Jaime Marquet, de quien se afirma que olvidó la escalera al proyectar el edificio.

La paradoja fue bien patente, porque a Marquet, que venía de París para arreglar el pavimento, se le dio el edificio, y a Ventura Rodríguez se le encomendó el piso, y así el pueblo madrileño dijo: "Al arquitecto la piedra y la casa al empedrador".

En el centro de la fachada se puso el reloj que existía en la iglesia del Buen Suceso, hasta que la generosidad del famoso relojero Losada proporcionó al ministerio el actual reloj - del cual todos los españoles escuchamos las doce campanadas del día 31 de Diciembre cada año y tomamos las "doce" uvas para comenzar el año nuevo con buena suerte -.

La Puerta del Sol, que pronto absorbió los callejones de la Duda y Coperos, y que para su ensanche le quitó no pequeños trozos a las calles de la Montera, Carmen, Preciados, Arenal y Mayor, fue al correr de los años, el corazón de la Corte y no acaeció suceso de importancia que en la Puerta del Sol no tuviese su desarrollo.

Y así, por tan típica plaza, cruzó triunfal Felipe V, y por este mismo pasaje pasó, sin gente que contemplase el cortejo con las puertas y ventanas cerradas a piedra y lodo, el archiduque de Austria, que salió de la villa echando pestes de ella.

El motín de Esquilache dió ocasión a que la Puerta del Sol viera al "Malagueño" con su chupa encarnada y su blanco chambergo, arengando a las masas y a éstas arrastrando el cadáver de un soldado sin fortuna.

Los del Gobierno, en su afán de sofocar el movimiento, también hicieron crueldades, como la de cortar la lengua y ahorcar a un pobre caballero murciano, que en la Puerta del Sol tuvo la desgraciada idea de sentirse elocuente.

Y cuando llegaron los tristes días de 1808, en el madrileñísimo lugar de la Puerta del Sol se congregaron chisperos y manolas, y caballeros y soldados los primeros días del mes de mayo. En este mismo sitio se dio el primer grito contra los franceses y empezó la Guerra de la Independencia el 2 de Mayo de 1.808

Aquí, el pueblo de Madrid mantuvo una lucha desigual con las tropas de Napoleón, - mamelucos, polacos y Guardia Imperial - y en la refriega perdieron la vida muchos madrileños. En la pared del edificio hay una placa que recuerda este hecho.

No hay, repetimos, fecha memorable que la Puerta del Sol no conozca: en su centro se proclama la Constitución de 1812, y cuando se repatría Fernando VII apodado "el narizotas", en ella se quema tan sagrado documento.

Liberales y realistas cruzan por ella, vencidos unas veces, vencedores otras. En la Puerta del Sol, el cura Merino detiene el coche del rey Fernando, de triste memoria, y, enseñándole la Constitución, exclama: "Trágala, tirano".

En 1822 y en 1835 corre la sangre. Pueblo y ejército pelean, y en la Puerta del Sol tienen triste fin, o en ella inician sus desgracias, los generales Canterac, Quesada y Fulgosio.

¡Que cosas contaría la plaza de la revolución de 1854, de los sucesos de 1856, de la noche de San Daniel, del atentado contra Isabel II en 1861, de la revolución que costó la corona a la reina de los tristes destinos, de la restauración, de los días amargos del desastre colonial, del atentado en que perdió la vida Canalejas, ...!

Así que, vamos a dejarla aquí y seguimos con las principales calles que empiezan en ella. Son ocho: Alcalá, Carrera de San Jerónimo, Carretas, Mayor, Arenal, Preciados, Carmen y de la Montera.

Empezaremos el recorrido de estas calles por la "C'Alcalá", como la llamamos los castizos.

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