




El origen de los nombres de las calles de
Madrid es un tema relativamente reciente pues se empezó a estudiar a
mediados del siglo pasado.
Por desgracia, en torno al origen de esos
nombres, no queda más remedio que aceptar lo que nos dicen los escritores
y cronistas matritenses que recopilaron leyendas, tradiciones, hechos históricos...,
añadiendo en algunos casos una buena dosis de imaginación e
invención.
El primer libro que apareció con la
historia de las calles de la villa fue el titulado "Origen
histórico y etimológico de las calles de Madrid", de
Antonio Capmani y Montpalau, aparecido en 1863 y con un gran inconveniente: no
incluyó las fuentes consultadas por lo que, en muchos casos, las leyendas
contadas parecen fruto de su invención.
En 1889 se editó
"Las calles de Madrid: Noticias, tradiciones y
curiosidades", de Hilario Peñasco y Carlos Cambronero, un
buen manual de consulta.
Y finalmente, entre 1921 y 1925 el gran
cronista Pedro de Répide, publicó por entregas en el diario La
Libertad, "El origen de los nombres de las calles de
Madrid".
Lo mejor que se ha escrito hasta la fecha
sobre el tema y en la actualidad recopilados en un magistral libro titulado
"Las calles de Madrid". Desde esa fecha,
todas las publicaciones posteriores se basan en los tres libros citados.
En 1749, con el fin de facilitar la
recaudación de impuestos, se realizó la llamada Visita General de
Regalía de Aposento, consistente en una relación detallada de las
casas y manzanas que había en Madrid.
De ello resultó que había 557
manzanas y 7.049 casas, lo que dio lugar a que en 1765 se numeraran todas las
casas y manzanas con azulejos de porcelana.
Todavía se pueden ver en las esquinas
de los edificios y encima de las puertas del casco antiguo las placas de la
Visita General que se colocaron en esa época con el rótulo
"Visita G. Manzana nº...", pero, a
pesar de esta medida, se produjeron algunos problemas.
Uno de ellos fue que se numeraron las casas
por manzanas, por lo que en cada calle existían números repetidos,
lo que provocaba numerosas confusiones a la hora de localizar una casa
determinada.
Otro de los problemas fue el hecho de que
había hasta cinco vías con el mismo nombre y calles con varias
denominaciones.
Por este motivo, en 1835, el marqués
viudo de Pontejos, corregidor de la Villa, ordenó numerar las calles y
poner el nombre de éstas en sus dos extremos.
Desde entonces la numeración parte
del punto más cercano a la Puerta del Sol, situando los pares en la acera
de la derecha y los impares en la izquierda. En cuanto a las plazas, hasta 1860
no se dispuso la numeración correlativa.
Además, como muchas calles llevaron
el apelativo "nueva" para diferenciarlas
de otras más antiguas con el mismo nombre, para evitar denominaciones
repetidas el corregidor marqués viudo de Pontejos cambió el nombre
de doscientas cuarenta calles.
Casi la mitad de todas las existentes en
aquel entonces desapareciendo nombres que se repetían en calle,
callejuela o travesía, o en plaza y plazuela e iniciándose la
costumbre de utilizar nombres de personajes y hechos gloriosos.
Calles como
"Francos", "San
Miguel y San José", "Santa
Catalina la Vieja", "San Pedro y San
Pablo" y "Magdalena Alta"
pasaron a denominarse Cervantes, Daoiz y Velarde, Colón, Hernán
Cortés y Pizarro respectivamente.
Años antes, en 1821, habían
desaparecido ya otros nombres considerados como ridículos que fueron
cambiados por otros más decentes. Así, la calle de
"Tentetieso" pasó a denominarse
Costanilla de San Justo - hoy Doctor Letamendi -; la del "Azotado"
se llamó Grafal y la de "Aunque os Pese"
recibió el nombre de Travesía de las Beatas.
En 1844 la de
"Cantarranas" fue bautizada como Lope de
Vega y la del "Burro", que aunque se había
denominado Padilla en 1821, pasó en 1848 a ser calle de la Colegiata.
Había además nombres como
"Don Martín" al que se le restó
familiaridad siendo rebautizada Martín de los Heros, tal como hoy la
conocemos y otras en que se ganó familiaridad como la actual Ponciano,
antes "Ponciano Olivares".
En 1840, Fermín Caballero, siendo
alcalde de Madrid, realizó una lista de los nombres genéricos que
tenían las vías y así se vio que había un total de
catorce maneras de denominar una calle:
carrera, corredera,
callejón, cuesta, costanilla, pretil, portal, arco, pasadizo, plaza,
plazuela, campillo, puerta y postigo.
a los que en la actualidad habría que
añadir otras diecisiete más:
glorieta, escalinata,
cañada, ribera, senda, vereda, galería, vía, avenida,
paseo, travesía, plazoleta, ronda, paso, cava, gran vía y pasaje.
Si observamos los planos de Madrid desde el
primero conocido como el de F. de Witt, de 1635, hasta los de mediados del siglo
XIX vemos que reflejan, en la mayoría de los casos, los mismos nombres de
las calles y de la plazas habiéndose producido muy pocos cambios.
Pero es a partir de la segunda mitad del
siglo XIX cuando el callejero se convierte en un reflejo de los cambios políticos
que caracterizaron ese período histórico. Se cambiaron nombres en
1840, 1844, 1856, 1868, 1869, ...
Parece que se ha convertido ya en costumbre
el cambiar el nombre a una serie de calles dedicadas a personas o hechos
relevantes favorables al partido ganador, sustituyendo a los que el anterior
partido había bautizado.
Además, durante el período
revolucionario - 1868-74 - y en tiempo de las Repúblicas, los nombres
alusivos a la familia real fueron cambiados por los de otros personajes.
También, en 1898, con la pérdida
de las colonias españolas, las calles que llevaban los nombres de éstas
fueron cambiadas por las de los héroes españoles que lucharon
defendiéndolas.
En 1936, a los tres meses de comenzar la
Guerra Civil, el Ayuntamiento se encargó de cambiar el nombre de unas
doscientas calles, entre ellas el paseo de la Castellana que se denominó
"Paseo de la Unión Proletaria",
los dos primeros tramos construidos de la Gran Vía que pasaron a ser
"Avenida de la C.N.T.", la calle Mayor
fue de
"Mateo Morral", ...
El 28 de marzo de 1939, el Ayuntamiento
cambió el nombre de ciento veinticinco calles. Así, la del
"General Arrando" pasó a ser del
General Goded; la de "Santa Engracia" a
Joaquín García Morato; la del "Príncipe
de Vergara", a General Mola y la "Gran
Vía" a avenida de José Antonio, entre otras.
En 1981, el Ayuntamiento devolvió el
nombre antiguo a veintisiete de estas calles. A pesar de todos estos cambios, el
problema de la repetición de nombres no se ha arreglado del todo.
Si bien las anexiones de los pueblos
circundantes a partir de 1948 dieron lugar a denominaciones repetidas
- existía la calle del Águila en Madrid, Hortaleza y
Chamartín, la de Alfonso XIII en Madrid, Vallecas y Tetuán... -
que con el tiempo fueron cambiadas, en la actualidad sigue existiendo duplicidad
de nombres, tales como:
- Calles y Rondas de Atocha y de Toledo.
- Calle y Paseo de Recoletos.
- Calle y Glorieta de Quevedo.
- Calle y Plaza de Murillo; de Colón;
el Carmen; de San Cayetano.
- Calles de Manuel
Sarrión
- una en Cuatro Caminos y otra en Ventas -;
de Goya y de Francisco de Goya; de Mira el Río
- la tradicional situada en el Rastro y otra el El Pardo
-.
- Calle y Avenida de Juan Herrera; de
Alfonso XIII; de Cervantes.
- Calle, Plaza y Travesía de Vázquez
de Mella y del Biombo.
- Calle, Plaza y Pasaje de Joaquín
Dicenta.
- Calle, Camino y Plaza de Santa Ana.
- Calle de Vara de Rey y Plaza del General
Vara de Rey.
La palma se la llevan "San
Andrés", que cuenta con una calle, una plaza, una costanilla
y una travesía; "San Diego" con
una avenida, una calle, una plaza y una travesía; y
"San Pedro", con una calle, un camino,
una costanilla, y un pasaje.

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