No hay que decir, finalmente, que quien no quisiera ser visto, el último lugar al que debía ir, era naturalmente al Prado.

En la economía madrileña se sitúan dos fuentes principales de abastecimientos de productos, y es bastante seguro que en el Madrid del XVII esas dos fuentes de entradas de productos fueran los puertos mediterráneos para especies, objetos finos, sedas, etc., y los atlánticos, para productos de las colonias.

Recreación de una habitación reservada sólo a mujeres.

No obstante, a Madrid arriban diariamente comestibles, verduras, frutas y hortalizas de las comarcas cercanas, bien castellanas o inmediatas.

Para explicar el enriquecimiento y movimiento de capitales en la Corte existe otro factor decisivo: "los préstamos", que nobles, burgueses y funcionarios, además de clérigos, prestan a otras ciudades y comarcas, y cuyos fondos de capital procederían de rentas que recibiesen nobles, clérigos, propietarios, terratenientes, etc.

También el rey y otros organismos del Estado eran destinatarios de estos préstamos.

Pero Madrid también produjo una serie de manufacturas propias, a cargo de artesanos y maestros, que no ha sido tenida en cuenta.

En la Corte había multitud de tiendecillas, industrias pequeñas, talleres, fraguas y comercios, mercaderes y vendedores de todo tipo, importadores de productos, gremios ricos y florecientes, todo un mosaico de profesiones y negocios que impulsaban una economía de capital, o sea Corte, compleja y variopinta.

No es justo que Madrid, en el XVII, haya sido considerada, económicamente, un erial y una ciudad parasitaria.

Produce muy poco para la exportación, es cierto, pero mantiene una máquina de producción de bienes, de manufacturas y de capital suficiente, no sólo para mantener ágil el engranaje económico, sino también para producir rentas y reservas.

Imágenes:

- Carreta de cómicos.
Destaca un telón sobresaliendo por un lado
y otro con viñetas para explicar romances famosos.

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