En la Puerta del Sol, ya en época de los Austrias el lugar más ajetreado y concurrido de la Corte, morían las calles de Arenal y Guadalajara - hoy Mayor - que formaban parte notable de la trama medieval, pero de aquí partían las calles de Montera o Red de San Luis hacia el norte, las de Alcalá y Carrera de San Jerónimo hacia el este, y las de Carretas y Esparteros-Imperial hacia el sur.

No lejos de la Puerta del Sol, se ubicaba la popular y mercantil Plaza Mayor, levantada sobre la vieja y desordenada Plaza del Arrabal, de origen tardo-medieval. Al lado de este espacio público y de mercado, ya en el siglo XV, se habían situado dos puertas de la muralla medieval, las de Cerrada y de Guadalajara.

Estas puertas, y los arrabales tardo-medievales que se formaban en sus afueras, son el origen de la consolidación de las importantes calles de esta zona, la de Atocha que llevaba al sureste y la de Toledo hacia el sur, sin olvidar la de Embajadores, que naciendo más abajo de Puerta Cerrada, y muy estrecha, fue una de las vías más populosas y transitadas de la ciudad en esta época.

El crecimiento incontrolado también impidió la posible planificación, por parte del Ayuntamiento, de plazas y espacios públicos.

El espontáneo caserío que fue amontonándose entre 1561 y 1625, no dejaba espacio o plazas, ya que los vendedores de solares y constructores solo se preocuparon por rentabilizar al máximo el terreno.

Esa era la razón por la que el Madrid de los Austrias carecía de plazas de cierto relieve.

Surgieron ciertas plazuelas, estrechas e irregulares, en el encuentro o encrucijada de cuatro o cinco calles, como la plazuela de San Juan, Antón Martín, Gumiel, San Joaquín o Lavapiés, no siendo tampoco su número abrumador.

La ciudad del XVII heredaba ciertos espacios abiertos en el casco medieval, que más que plazas eran descampados, como las plazas de Santo Domingo, de los Caños del Peral, de Palacio o de la Cebada, esta última tan de grandes dimensiones, que ya fue utilizada en los siglos XIV y XV como lugar de mercado de granos, y más tarde, de feria de baratijas y cosas viejas, origen del popular y castizo Rastro, que solo en el XIX, y muy tarde, pasaría a su actual ubicación de la Ribera de Curtidores.

La Puerta del Sol fue también un espacio urbano, no planificado, ni contemplado por ninguna instancia oficial. Apareció de modo espontáneo, a lo largo del siglo XV, como encuentro de caminos comarcales a Hortaleza, Fuencarral, Toledo, Vallecas y Alcalá.

Esa encrucijada de direcciones la dotó, desde el primer momento, de cierta superficie, que no era ni mucho menos de los mayores de Madrid, pues al lado de ciertas plazas, como la Plaza Mayor o la de la Cebada, o incluso comparada con la de Santo Domingo o los Caños del Peral, resultaba pequeña y estrecha.

Pero aún así, su privilegiada centralidad la convirtió en el punto neurálgico de la capital.

Si la Plaza Mayor era el centro mercantil, la Puerta del Sol era, como todavía, el auténtico corazón social, económico y de tráfico, en donde palpitaba el Madrid de los Austrias.

En sus inmediaciones se levantaron grandes edificios, como el convento de San Felipe el Real, el de la Victoria y el Hospital del Buen Suceso, pero el Ayuntamiento no llevó a cabo ninguna reforma que adecentara y dignificara urbanísticamente la plaza, que fue un espacio espontáneo, como en realidad toda la ciudad.

El único espacio programado, planificado y llevado a cabo mediante un ponderado, inteligente y magnífico proceso urbanístico-arquitectónico fue la Plaza Mayor.

Edificada sobre la vieja y desordenada Plaza del Arrabal, su autor, el gran arquitecto Juan Gómez de Mora, maestro del Rey, del Concejo y de los Sitios Reales, diseñó un eficaz y desahogado rectángulo, en las lindes urbanas entre el Madrid medieval y el moderno de los Austrias, a distancia equivalente entre el norte, el sur y el este.

Su ligera desviación de este a oeste, se debe al deseo municipal de que se dispusiera en paralelo a la céntrica y prestigiosa calle de Guadalajara - hoy Mayor - que además, a principios del XVII era el camino más directo que conducía al Monasterio de los Jerónimos, convento frecuentado por el rey.

Muy poco después, con Felipe IV, la calle agregó a su importancia el de ser "eje real" entre el Alcázar y el flamante "sitio real" del Palacio del Buen Retiro.

Con anterioridad a su construcción, llevada a cabo entre 1611 y 1620, con un incendio que destruyó lo hecho entre ambas fechas, ya era el centro mercantil de la villa, pero a partir de su moderna y eficiente organización urbana por Gómez de Mora, la Plaza Mayor funcionó como la maquinaria mercantil, comercial, gremial e incluso financiera del Madrid de los Austrias.

Al ser la única plaza digna, desahogada y céntrica, se convirtió en el escenario por antonomasia de festejos, corridas, juegos de caballos y jinetes, autos de la Inquisición, ajusticiamientos, canonizaciones y celebraciones diversas, auspiciadas por organismos como la Corona, el Concejo y otros.

Su carácter de plaza con soportales, en todo su perímetro, la dotó de una capacidad de circunvalación total, que acrecentó sus altos valores sociales, urbanos y culturales. Vista en un plano de la ciudad, se advierte enseguida cómo presenta cierta forma regular de cuadrado, algo redondeado, por entrantes y salientes periféricos.

Además del aspecto de sistema o red radial de las grandes calles, se advierte también, cómo, desde el momento de construcción del Palacio del Buen Retiro, a partir de 1629, Madrid se ve flanqueado, al oeste y al este, por sendos y representativos palacios reales, el viejo Alcázar y el flamante del Buen Retiro.

Comunicando ambos palacios, cuatro calles, las de Alcalá, Carrera de San Jerónimo, Arenal y Mayor, se cruzan en la Puerta del Sol a manera de aspa o equis.

Finalmente, se podría afirmar, que más allá de los citados Alcázar y Buen Retiro, a sus espaldas, se abren dos extensiones, a poniente y levante, de carácter verde o jardinístico, de considerables dimensiones:

Al oeste la formada por el Campo del Moro y la Casa de Campo, y al este los inmensos jardines del Buen Retiro, ambos privados, palaciegos y reales, sólo para disfrute de la Corte.

En medio, sucia, polvorienta, desordenada y llena de problemas, con clases ricas y poderosas y con clases miserables o bajas, la ciudad "corte de los milagros" y caldo de pícaros e intrigantes. ¡Todo un símbolo!.

Imágenes:

PLAZA MAYOR - La plaza del Arrabal, futura Plaza Mayor, surge en la Edad Media, cuando Madrid comienza a extenderse en dirección este. Es decir, fuera de la Puerta de Guadalajara, actual mercado de San Miguel. El origen de la plaza son una serie de casas, de una o dos plantas, habitadas por comerciantes, en su mayoría judíos y una explanada utilizada para mercado.

Con el establecimiento de la Corte, la ciudad debe extenderse aún más, por lo que esta plaza del Arrabal se convierte, de alguna manera, en el centro de Madrid y el punto donde tienen lugar los principales acontecimientos. Para solucionar el problema, el rey Felipe II ordena al arquitecto Juan de Herrera que levante unos planos para la construcción de una plaza cerrada, que pueda ser escenario y escaparate de la villa y corte. Estos planos, que nunca se llegaron a realizar, se perdieron en 1734 con el incendio del Alcázar.

El primer edificio que se levantó fue la Casa de la Panadería, de cuya construcción se ocupó Diego Sillero. Corría el año 1590. En 1608 se encarga a Francisco de Mora el cierre de la plaza, pero sería su sobrino Juan Gómez de Mora quien llevase a cabo el proyecto definitivo con el trazado que hoy vemos: un rectángulo de 120 por 94 metros que sirviera de escenario a todos los acontecimientos de la capital.

Al hallarse la plaza junto a un gran desnivel fue necesario crear unas escaleras, actual Arco de Cuchilleros, para facilitar el acceso y salvar el barranco.Por ello, cuando se pasa por la Cava de San Miguel se puede apreciar, además de la solidez de los muros de granito, la llamativa curva que forman las paredes, con el fin de aligerarse a medida que se gana en altura.

Tres tremendos incendios ocurridos en 1631, 1672 y 1790, así como posterior trabajo de reconstrucción han modificado el aspecto de la Plaza Mayor enormemente. No obstante, todavía es una verdadera reflexión del sabor y sentimiento de la vida de Madrid en el siglo XVII.

IGLESIA DE SAN ANDRÉS Y CAPILLA DE SAN ISIDRO - En un principio había una iglesia llamada de San Andrés, levantada en el solar que ocupó una mezquita. El templo era muy frecuentado por San Isidro, que vivía en la casa vecina, y en él fue enterrado. Después se construyó una capilla en honor de San Isidro que acabó robando todo el protagonismo a la antigua iglesia.

El edificio original era mudéjar. Era y no lo es, porque en la segunda mitad del XVII tuvo que ser reconstruido totalmente por el arquitecto Pedro de la Torre. Durante la guerra civil española fue incendiada, por lo que se puede decir que hoy no queda nada de su construcción primitiva. No obstante, hay que echar un vistazo a la portada y al campanario, mudéjar.

La Capilla de San Isidro se levantó entre 1657 y 1669 sobre la casa donde había vivido el santo labrador. La construcción fue dirigida por el arquitecto José de Villarreal en estilo barroco. Toda la decoración interior barroca se perdió durante la Guerra Civil, lo mismo que las valiosas pinturas que se guardaban. No obstante, la reconstrucción permite hacerse una buena idea de lo que se entendió en Madrid por barroco.

PALACIO DEL BUEN RETIRO - Para distraer al rey Felipe IV de las tareas de gobierno, el Duque de Olivares mandó construir un palacio real llamado "El Buen Retiro" agrandando el jardín del viejo monasterio de San Jerónimo el Real, donde los monarcas se retiraban a descansar, desde la fundación del mismo.

El projecto fue realizado por Gómez de la Mora y Giovano Battista Crescendi y el palacio construido por Alonso de Carbonell, quien redujo la grandeza del proyecto ahorrando tiempo y dinero.

Del conjunto de edificios que conformaban el palacio se conservan aún el "Salón de los Reinos" actual Museo del Ejército y el viejo salón de baile, usado como un anexo del Museo de Prado, generalmente conocido como "El Casón".

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