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Palacio Real


Jamás se podría sospechar que de la sencilla atalaya y luego fortaleza árabe surgiera tan impresionante palacio. El alcázar árabe al quedar en poder de los cristianos fue ampliado y reformado según las necesidades de los sucesivos monarcas de la casa de Austria que le convirtieron en su palacio.

Así, poco a poco y con la acumulación de obras de arte, el alcázar se convirtió en un pequeño museo y tesoro: cuadros de Velázquez, Rubens, Caravaggio, etc., tapices y todo tipo de objetos de valor.

Con la llegada de los Borbones, el alcázar cayó en desgracia ya que no le gustaba nada a la nueva dinastía, que veían en él un símbolo de poder de los Austrias. Reinando ya Felipe V, se produjo un incendio el día de Navidad de 1734. El fuego se inició en las salas que estaba decorando el pintor Jean Rac a las dos de la madrugada, y se prolongó durante todo el día.

Aunque se consiguieron salvar numerosas obras de arte, los cuadros fueron arrancados de los bastidores y las esculturas resistieron el fuego. Se perdió una gran parte de las riquezas acumuladas, entre ellas, numerosos documentos y planos de antiguas construcciones. Los reyes, no sufrieron ningún daño, ya que estaban alojados en el palacio del Buen Retiro.

Ante la dificultad de realizar una reconstrucción, el rey Felipe V se dirigió al arquitecto más reputado del momento, Filippo Juvara, quien llegó a Madrid en abril de 1735. El orgullo que le hizo saberse elegido y el sentirse con las manos libres para diseñar la obra cumbre de su carrera, hizo que Juvara diseñara un palacio que tenía algo más de un kilómetro de longitud.

El proyecto, precisamente por su grandiosidad, comenzó a recibir críticas ya que se veía imposible la financiación. En enero de 1736 murió Juvara sin que los planos estuvieran aún terminados, por lo que se requirió la presencia de su mejor alumno, el también italiano Giovanni Battista Sachetti. Este, más modesto o bien porque se le informó de la imposibilidad económica de llevar a cabo el proyecto del maestro, diseñó un palacio más pequeño aunque respetando los conceptos del anterior.

Sachetti utilizó parte de los basamentos del antiguo alcázar y respetó su patio de armas. Las obras se iniciaron el 6 de abril de 1738, día en que se colocó la primera priedra, bendecida por el arzobispo Don Alvaro de Mendoza y se enterró una urna de plomo con una lámina de plomo escrita en latín relatando el incendio y varias monedas de oro, plata y bronce.

Las obras, se prolongaron hasta 1764. Durante todo este tiempo, el palacio fue una impresionante obra donde trabajaban artistas de Francia, Italia y Alemania, junto a artesanos y canteros de Madrid.

Cuando Fernando VI sube al trono, únicamente está terminada la planta baja. Gracias a una buena época para la economía del país, se aceleran las obras, en parte por la presión del rey que pide que se adapte una parte del ala de la primera planta para poder alojarse en el palacio.

Corrado Giaquinto se ocupa de las pinturas del interior y una serie de escultores dirigidos por Domenico Oliveri y Felipe de Castro se encargan de las estatuas de los monarcas españoles que adornarán la cornisa superior. Después, Isabel de Farnesio, atemorizada por un sueño donde las estatuas caían desde la altura sin romperse, influyó para que no se colocaran en la cornisa.

Cuando Carlos III llegó de Nápoles para sentarse en el trono de las Españas, el proyecto aún estaba lejos de ser finalizado. El monarca, haciendo méritos para ganarse la vitola de ilustrado, nombró arquitecto del proyecto a Francesco Sabbatini, que había llegado junto al monarca de Italia. La primera medida fue despedir a los artistas anteriores y sustituirlos por otros también italianos.

Así, el pintor Giaquinto que había pintado los frescos del palacio dejó su puesto a Antonio Rafael Mengs y Gianbattista Tiépolo. La decoración interior, algo descuidada hasta el momento, cobró nuevos bríos bajo la dirección de Felipe Gozola. A partir de ese momento, comenzaron a llegar objetos y piezas de Italia, donde eran encargadas a los artistas nativos.

En 1764, Carlos III se instala definitivamente en el palacio aunque todavía quedan bastantes cosas por terminar, entre ellas las famosas "Salas Gasparini", después que el monarca hiciera venir al artista junto a su familia de Italia. Pero el destino no quiso que el monarca viera terminadas las salas, ya que falleció cuando aún no estaban concluídas.

En 1803, el rey Carlos IV daba por terminadas las obras. Seguidamente vino la ocupación francesa y un largo perdiodo de enfrentamientos y crisis políticas, hasta que se produjo la restauración de la monarquía con Alfonso XII. Este monarca, realizó la última restauración al unir tres salas para crear el Comedor de Gala.

Hoy, el palacio es utilizado para actos protocolarios de la monarquía, entrega de credenciales por parte de los embajadores, comidas de gala para invitados importantes, recepciones, ...

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