El Homo Sapiens Sapiens entra en escena hace 30.000 años y aunque sus hábitos son parecidos a los del Neanderthal, va a introducir matices intelectuales sustanciales.

Este hombre continúa la tradición cazadora ampliando sus armas. Nos hemos referido ya al arco, las fechas y la lanzadera de azagayas, desconocidas por su predecesor y que al Sapiens Sapiens le van a permitir arriesgar menos en las campañas cinegéticas.

También perfecciona las trampas e inventa anzuelos de piedra y hueso para ayudarse en la pesca, que se hace masiva con las represas artificiales y los buitrones y nasas.

El dominio del fuego es otro gran hito. Si su predecesor lo conseguía golpeando pedernal o frotando palos, éste emplea también herramientas rotatorias que obtienen la llama en mucho menos tiempo.



Dos anzuelos. Uno de piedra (1) y otro de hueso (3).
Nasa o trampa de pesca.

El vestido nace como tal. La piel se cose con tendones o fibras vegetales enhebradas en agujas de hueso ciñendo la figura y permitiendo mayor libertad de movimientos. Con piedras, piezas dentarias u otros objetos engarzados se hacen los primeros adornos en forma de collares o pulseras.

Las creencias se diversifican. Ya no es la muerte la única obsesión. Ahora son también la propiciación de la caza y la fecundidad. La observación de los ciclos climáticos y la conducta animal hacen del Homo Sapiens Sapiens una criatura atenta a los cambios, que achaca a potencias sobrenaturales.

Quizá su capacidad cazadora no se deba sólo a la habilidad desplegada sino a poderes ocultos que dirigen las armas hasta el punto más vunerable de la presa. Cuando desarrolla la percepción necesaria para representar lo que ve, dibuja y moldea figuras de animales imprescindibles para su subsistencias, a los que a menudo finge atravesar con venablos.

Si la magia es el paso previo de la religión, el hombre del Paleolítico Superior la practica con profusión. Herir simbólicamente a la presa favorece su captura posterior si la acción la realiza alguien especialmente "tocado" para tal fin, el hechicero.


Tres formas de construir lanzas o azagayas,
también a base de resina y refuerzo de cuero o fibras.

Su figura va a ser tan familiar en los clanes como la de los cazadores, sin que, por enésima vez, sepamos cuando aparece institucionalizada ni la extensión de sus funciones. Con el tiempo puede que ahuyente malos espíritus que traen enfermedades, dirija las ceremonias de iniciación de los jóvenes y sirva de intermediario con el tótem protector.

La fecundidad es otra de las parcelas sobre la que discurre la vida sobrenatural. Si el tótem es el que fecunda el vientre femenino haciendo proceder a todo el clan de un tronco común, el papel de la mujer es primordial. La obsesión por ella queda reflejada en las tallas de "venus" que remarcan hasta lo grotesco los atributos sexuales, ignorando el resto de la figura.

Las hembras animales también son objeto de esa obsesión, si atendemos a las pinturas rupestres que las representan. Cazarlas con criaturas en gestación no hace sino aumentar el respeto por un fenómeno inexplicable que crea los rudimentos de un culto a la fecundidad desarrollado más tarde con deleidades y sacerdotisas femeninas.

Nuestra Comunidad es pobre en muestras culturales por no necesitar de abrigos naturales para protegerse de las inclemencias climáticas. Hasta el momento el único descubrimiento que denota una sensibilidad artística es el de la Cueva del Reguerillo - período Auriñaciense - en Patones, con una longitud de trescientos metros y en la que aparecen grabados peces, monos, un ciervo, un mamut y dos figuras humanas, sin que ello signifique la ausencia de otras actividades culturales hechas en materiales perecederos.

Si en Patones sus moradores utilizaron las paredes del refugio para representar la fauna más característica con fines seguramente mágicos, podemos creer que otros grupos lo hicieran en troncos de árbol, rocas a la intemperie y útiles de caza sin que nos quede ni rastro. En cualquier caso, el acabado de las herramientas encontradas en los pocos yacimientos existentes manifiestan un estadio intelectual elevado.

La talla de piedra del Atajillo y el Tejar del Portazgo en Madrid, se pone al servicio de un utillaje en el que predominan los raspadores, puntas de lanza, flechas, arpones, buriles, taladros, etc., datados en el Magdaleniense Superior y muy evolucionado respecto al Paleolítico Medio.

La existencia sigue siendo dura. Si la glaciación de Würm trae temperaturas bajas, su final hace desaparecer gran parte de la fauna fría, obligando a cazar todo tipo de especies y a diversificar la alimentación vegetal. A su favor se encuentran los recursos empleados y la bonanza del clima, que hacen más llevadera una vida miserable de por sí.


Propulsador de lanza, utilizado para multiplicar
la potencia y exactitud del disparo.

De todos modos, no haber hallado más que una cueva como refugio humano prueba que Würm no golpeó en exceso a los sufridos clanes cazadores que recorrían nuestra comunidad en busca de alimentos.

Copyright © 2002 por JLL & JRP.
Todos los derechos reservados.