Antes de su entrada, Fernando VII hizo llegar un decreto, por el que añadía a los títulos de muy noble y muy leal que tenía Madrid desde la Edad Media, el de "heroica", como reconocimiento al valor de los madrileños en la finalizada guerra contra los franceses.

También, antes de su llegada, habían surgido rumores de su absolutismo y la constatación de la persecución de los diputados que habían participado en las Cortes de Cádiz.

De hecho, el nacimiento y auge de nuevos periódicos satíricos y de opinión política crítica duraron muy poco, siendo perseguidos y cerrados por el absolutismo y la intransigencia.

El nuevo monarca paralizó todas las iniciativas que José Bonaparte había comenzado. Devolvió conventos e iglesias expropiadas a sus antiguos propietarios, - eclesiásticos en su mayoría - que apoyaban la nueva política fernandina, no aprovechando la situación de la ciudad para llevar a buen término una serie de reformas urbanas, sin duda imprescindible.

No obstante, El Retiro comenzó a reconstruirse en 1815, según los consejos del arquitecto López Aguado, uno de los más importantes del momento.

Se plantaron allí nuevas arboledas, se cerraron las zanjas, se derribaron los restos de las ermitas que quedaban y los del Palacio del Buen Retiro, salvo lo que hoy es el Casón y el Museo del Ejército, que fueron reconstruidos y adaptados, pero no se reconstruyó la Real Fábrica de Porcelanas, que en poco tiempo podía haber iniciado la producción de las hermosas piezas de antaño.

El 19 de noviembre de 1819 se abre al público el Museo del Prado. En 1820, tras la sublevación de Riego, Fernando VII jura la Constitución antes las Cortes y tres años después, el pueblo de Madrid se amotina, al conocer que se han clausurado las Cortes extraordinarias, exigiendo una regencia en sustitución de Fernando VII.

Un mes después, las Cortes abandonan Madrid ante la llegada del ejército francés. Con ellas sale la familia real hacia Sevilla, regresando a la Villa el 13 de noviembre de 1823. Comienza para Madrid un periodo de normalidad y restablecimiento de su desarrollo.



Carlos IV (1748 - 1819), traicionado por su hijo Fernando VII,
por su mujer con el valido Manuel Godoy y por Napoleón.

En el parque del Retiro se construyó, para la exhibición de animales exóticos y salvajes, una Casa de Fieras; se crea el Conservatorio de Música; se funda la Bolsa; se termina la fuente de los Galápagos para la Red de San Luis y se ilumina la Puerta del Sol y calles adyacentes.

Una parte del magnífico parque de El Retiro se abrió al público por decisión del monarca absolutista, lo que permitió a los madrileños conocer, disfrutar y valorar en su justo término, el espacio reservado hasta entonces a los monarcas, a sus familias y a sus invitados.

Dos arquitectos, discípulos de Juan de Villanueva, dominaron las construcciones oficiales y marcaron las pautas de la arquitectura urbana: López Aguado y González Velázquez. Si en El Retiro se siguieron las ideas del primero, en la Plaza de Oriente se plasmaron las del segundo.

Concibió González Velázquez para esta plaza un espacio circular, acotado por un lado por el Palacio Real, ya existente, y por el otro por el Teatro Real, que debería levantarse en el espacio todavía ocupado por el viejo teatro de los Caños del Peral, donde, de forma provisional, se habían reunido las cortes españolas en 1814, antes de ser definitivamente disueltas por el monarca.

Trabajó además, este arquitecto, en otros proyectos como los del embarcadero del Retiro, el obelisco a los héroes del 2 de Mayo, la iglesia del Cristo de El Pardo o el Real Colegio de Medicina, situado en la calle de Atocha, en el que colaboraron también otros arquitectos.

Antonio López Aguado, que se había formado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y que había sido pensionado en Roma, intervino en dos de los edificios más representativos de esta época: el Teatro Real y la Puerta de Toledo.

Esta puerta, fue testigo y víctima directa de los avatares políticos del primer tercio del siglo XIX. El rey José Bonaparte - José I - puso la primera piedra, introduciendo un ejemplar de la Constitución de Bayona, además de otros recuerdos. En 1813, al irse los franceses, cambió la política y se reemplazaron los símbolos enterrados.

Acompañaban ahora a la primera piedra un ejemplar de la Constitución de Cádiz y unas cuantas monedas constitucionales. La llegada del absolutismo fernandino modificó nuevamente los objetos simbólicos que debían enterrarse en la Puerta de Toledo. Fueron entonces el Diario de Madrid, la Guía de Forasteros y un almanaque.



Fernando VII (1784 - 1833), representante del despotismo ilustrado,
persiguió las libertades conseguidas por las Cortes de Cádiz.

La lenta construcción provocó que, en 1820, con el triunfo de Riego y la vuelta al constitucionalismo se cambiasen de nuevo los recuerdos enterrados. Pero lo mismo sucedió en 1824 con el regreso del absolutismo, terminándose de construir en 1827.

Curioso y chocante resultaba a los ojos de los Madrileños este "baile" de recuerdos y este interés por perpetuar la memoria. Fue ésta, la última puerta y entrada monumental construida en Madrid, que todavía sirvió de control de entradas y salidas durante el siglo XIX.

La muerte de Fernando VII el 24 de octubre de 1833, cuando apenas su hija Isabel tenía tres años, dio paso a una regencia larga, que además, debió enfrentarse con una guerra civil provocada por los carlistas, que no aceptaban la sucesión en el trono de una mujer.

El liberalismo, se fue abriendo camino y muy pronto comenzaron a tomarse algunas decisiones económicas y políticas, que favorecieron el ascenso de la burguesía a puestos de mayor relevancia.

Una medida política de gran repercusión social y económica fue la "Desamortización" de Mendizabal, de 1837, que siguió a la supresión de las órdenes religiosas. Su alcance en el campo fue muy grande, al modificar la propiedad de muchas hectáreas de terreno, pero también en la ciudad tuvo hondas repercusiones.

Tres tipos de consecuencias se pueden mencionar:

La primera, la liberalización del suelo, lo que permitió abrir nuevas calles y plazas, que aligeraron, un poco más, la trama urbana.

La segunda, la sustitución de edificios desamortizados por otros de nuevas viviendas, ya que, comenzaban a ser rentables, y que con el paso del tiempo y la modificación de algunas leyes lo serían más.

La tercera, el cambio de uso de inmuebles religiosos, que pasaron a ser ocupados por instituciones civiles o militares.

Copyright © 2000 - 2002 por JLL & JRP

Todos los derechos reservados.