Hablar de la población prehistórica de Madrid es sumamente difícil por las lagunas documentales que existen.

Nuestra Comunidad ha sufrido en el siglo XX un crecimiento urbanístico que ha destrozado importantes yacimientos arqueológicos en aras de una política especulativa sin ningún escrúpulo cultural y a la que, afortunadamente, se está empezando a poner coto.

Del hombre que comenzó la evolución de las industrias no sabemos nada aunque se supone que fuera el Homo Erectus por la datación de las herramientas que utilizó, a partir de los 370.000 años de antigüedad, y catalogadas dentro de la cultura Achelense antigua o media.

De ser exacta la fecha, este homínido apareció en la glaciación de Mindel y por tanto, en un clima más riguroso que el nuestro.


Homo Erectus.
Reconstrucción hecha partiendo de los cráneos del Homo Erectus Pekinenis
y del Hombre de Tautavel (Francia).

Los yacimientos nos sitúan ante pequeños grupos ocupando espacios al aire libre a las orillas de los ríos donde despiezaban sus presas y confeccionaban los útiles que les servían para subsistir, al amparo de refugios hechos con ramas sobre un lecho de hojarasca.

Seguramente cazaban aprovechando los abrevaderos, escondidos a la espera de animales de fácil captura sin hacer muchos distingos en la elección: desde roedores hasta piezas de cierto tamaño como ciervos, corzos, caballos, uros o jabalíes a los que darían muerte a base de mucho ingenio y poco riesgo, por la pobreza de sus herramientas.

También recolectaban frutos silvestres, bayas, raíces, tallos de plantas herbáceas, tubérculos, hojas y todo aquello susceptible de ser comido: insectos larvados o adultos, huevos de aves o reptiles, y peces, especialmente salmónidos, muy abundantes.

De la caza aprovechaban todo: carne y grasa para la alimentación, pieles para el abrigo y huesos para herramientas. Sin embargo, la mayoría de los utensilios se fabricaban en piedra, prefiriendo por lógica la más resistente como granito o sílex. La técnica del labrado era sencilla pero trabajosa porque consistía en golpear una piedra con otra hasta partirlas convenientemente.

En nuestra Comunidad se dan sobre todo elementos cortantes o apuntados buscando formas cercanas a cuchillos que facilitaran la caza y el subsiguiente despiece de la carne junto a una gama que va desde las piedras triangulares con uno de sus vértices más afilados para servir de hacha hasta pequeñas piezas de uso diverso.

De los materiales perecederos se puede suponer que echaran mano de todo aquello de ser susceptible de ser lanzado a distancia como ramas de árboles endurecidas al fuego, a modo de pequeñas lanzas.



Zonas Paleolíticas madrileñas más representativas.

Las costumbres de este Homo Erectus son desconocidas aparte de suponer que vivía en clanes reducidos, compartiendo un mismo espacio definido por la cantidad de caza de cada momento.

Es posible que contaran con cierta jerarquía determinada por la potencia de sus miembros y que la maternidad marcara parte del papel femenino como luego pasará en el Paleolítico Medio y Superior, pero no podemos afirmarlo.

Estamos ante un hombre menudo, de huesos robustos y con una cabeza de frente huidiza, pómulos salientes, nariz no muy acusada y mandíbula inferior algo atrasada comparada con la nuestra.

Sus restos se han encontrado en diversas partes: China (Sinantropo), Africa (Pitecantropo), Indonesia y Europa, donde se distribuye por España, Italia y Francia atribuyéndosele la emigración masiva de individuos desde el continente africano a regiones templadas siguiendo la dirección Este hasta la probable aparición de fósiles de Homo Hábilis en España.

Ahora la incógnita está en saber si esa fue la única ruta de paso, a través de Israel y Líbano o si también se utilizó Gibraltar, presumiblemente unido a Marruecos por una lengua de tierra.

Los yacimientos de Madrid no contienen restos humanos, pero sí gran variedad de útiles. La industria más antigua se localiza en el de Áridos de Arganda, con una fecha cercana a los 370.000 años, siguiéndole los de San Isidro en el valle del Manzanares, cercano a la capital y otro también en Arganda.

No son únicos. Hay también vestigios en Algete, Alcobendas, Aranjuez, Perales de Tajuña, Portazgo, Rivas, Villaverde Bajo, Mejorada del Campo, San Sebastián de los Reyes y Arriaga, éste de una dotación de 150.000 años.

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