


Miraba la puerta hacia el río,
situado al oeste, y era la salida de los agricultores que trabajaban en las
huertas y campos de labranza de las vegas del Manzanares.
Aunque esta puerta era
primordial para la producción de alimentos, destinados a mantener la
tropa y la población adjunta, no era sin embargo la más
importante, pues primaban mucho más las comunicaciones con las plazas
militares - Alcalá de Henares y Guadalajara -
y un acceso como el de la Cuesta de la Vega, accidentado y difícil, no
era el más conveniente para el movimiento de las tropas y caballerías.
La función más
importante debió desempeñarla la Puerta ó Arco de la
Almudena, situada en la actual calle Mayor, frente a la del Factor.
Existen muchas razones que
abonan esta creencia, como la de situarse la puerta en lo que durante muchos
siglos sería la calle Real de la Almudena, por donde entraban y salían
las autoridades militares en el periodo musulmán y las comitivas regias
posteriormente.

Era el acceso más
suave y fácil a todo el recinto de la fortaleza, permitiendo al ser el
terreno totalmente llano, el movimiento cómodo de grandes tropas,
artilugios y carretas y porque, cuando Madrid comience a crecer, no lo hará
por las otras puertas, sino a partir de ésta.
Al norte debía existir una tercera puerta, la
de la Sagra o de Al-Xagra, que no debe de confundirse con la Puerta de Valnadú,
que formó parte de la muralla de Madrid del siglo XII. La de la Sagra se
abriría cerca del Alcázar, en algún punto de la moderna
confluencia de las calles Bailén con la Plaza de Oriente.
Esta puerta, debió
ser de uso preferentemente militar por su inmediatez a la fortaleza y porque el
caserío del Madrid árabe se extendía en el lugar opuesto a éste,
separados ambos por el posteriormente llamado Campo del Rey.
Es casi imposible hacerse
una idea de como sería este paraje, pues las importantes obras y reformas
del Alcázar y de sus inmediaciones, llevadas a cabo por los Austrias a
finales del siglo XVI y a principios del XVII, borraron todo vestigio primitivo.
La primera muralla de
Madrid, construida con piedra de pedernal unida con cemento, formado por una
mezcla de agua, cal y arena, alcanzó gran popularidad en el mundo, en
tiempos medievales, por su fuerza y solidez.
La altura de la muralla sería
ligeramente mayor de la que es posible ser apreciada en la única sección
conservada, la de Cuesta de la Vega.

La ausencia de barbacana en
la muralla nos ha transmitido, por tradición, la existencia de una
"coracha", una pequeña sección
de muralla, que finalizaba en la legendaria Torre de Narigués, enclavada
hacia el precipicio de la actual calle de Segovia, cerca del Viaducto.
Dentro de la superficie de la Almudena, de unas nueve
hectáreas, el callejero enmarañado y tortuoso, a juzgar por lo típico
de las ciudades musulmanas, incluso las situadas en llano y las edificaciones
civiles se situaban al sur.
Y por lo que aún
podemos imaginar en el Plano de Texeira con los inevitables cambios operados en
el siglo XVII, se nos presenta una imagen que debe reproducir en lo esencial la
disposición urbana de aquel Madrid musulmán de los siglos X y XI.
No destaca realmente ninguna
vía, aunque sí hay una, que debió ser forzosamente notable
y que unía, de forma algo retorcida, pero con trazado claro y continua,
las dos puertas principales, las de la Vega y de la Almudena, en lo que hoy es
el último tramo de la calle Mayor, desde el Palacio de Capitanía
hasta el punto del tramo de muralla árabe que conservamos.
De esta calle, en su margen
norte, salían otras dos calles, a espaldas de la mezquita, y que unidas,
conducían a lo que luego llamarían Campo del Rey, y que en el
Plano de Texeira aparece como Plaza de Palacio.

Una de estas dos vías
se llamaba en el XVII de Santa Ana, y la otra aparece en el citado plano
innominada.
Es difícil asegurar
que, estas calles que vemos en un plano posterior, pero tan fiable y exacto,
correspondan exactamente a aquéllas árabes, pero su trazado
irregular, sus direcciones con quiebros y giros y los adarves que se observan,
indican que, aún variando, los cambios no debieron ser drásticos.
Pero, ¿cómo era
el interior de la medina madrileña?. Al llegar a este punto, sería
necesario hacer algunas consideraciones.
De entrada, hay que dejar
bien sentado que, salvo el tramo de muralla del siglo IX de la Cuesta de la
Vega, no queda absolutamente visible ningún otro resto de aquel periodo,
excepto las pocas cerámicas musulmanas, que alguna vez se han
descubierto y que además, no proceden del espacio comprendido dentro de
la Almudena.

Aclarado esto y para
imaginar el aspecto urbano de las calles, casas y manzanas, hemos de acudir al
ejemplo de poblaciones hispano-musulmanas o del norte de África, de
características semejantes a la original en Madrid. Aunque Madrid no ha
cesado de renovarse, y de forma especialmente intensa, hay aún numerosos
rincones que hablan por sí solos de su pasado islámico.
El pequeño barrio de
la Puerta de la Vega, que podemos conocer por todos los planos, a partir del de
Witt, en 1635, e incluso por fotografías de finales del siglo pasado,
conservaba un sorprendente aspecto medieval, totalmente arrasado cuando en 1885,
se decidió ubicar en el solar la nueva y neogótica Catedral de la
Almudena, de tan reciente inauguración.
Aún así, en
las zonas del este, que pronto formarían los arrabales, podemos encontrar
abundantes rincones de callejas sinuosas y silenciosos "adarves".
A pesar de los siglos
transcurridos y del caserío renovado, apenas existe en Madrid casa
anterior al siglo XVI, la medina islámica, con su ambiente recoleto, sus
celosías, sus retranqueos sin sentido, su silencio y sus altos muros sin
ventanas, puede respirarse callejeando los barrios de San Nicolás, San
Justo o La Morería.
Un elemento consustancial
con la medina islámica es el constituido por los baños, de los que
tan buenos ejemplos han quedado en las ciudades españolas.
No se conoce ninguna
toponimia sobre los baños que, forzosamente debieron existir en el pequeño
Madrid musulmán. En este punto, se plantea un interrogante. ¿Estuvieron
dichos baños en el interior de la almudena o en algún punto del
exterior?.
IMAGENES:
Arquitectura
Musulmana y
tipos Hispano-Musulmanes

- Atalaya Musulmana hacia los siglos VIII y IX.
Casi
siempre cilíndricas, con la puerta de acceso separada del suelo como
medida precautoria
y rodeada de míseras casas de aldeanos ceñidas
por una empalizada,
servían tanto de defensa como de puesto de
observación,
dado que se levantaban en lomas y terrenos elevados.
- Casas Hispano-Musulmanas.
La de la
izquierda consta de tres habitaciones, una de ellas de estar y las otras,
dormitorios
que en el caso del de la derecha , también sirve de almacén.
La
casa central es poco usual en nuestras ciudades. Posee dos pisos, cocina
independiente,
entrada con zaguán en zig-zag para preservar la
intimidad del patio, sala de estar y habitaciones definidas.
La costumbre de
colorear la parte baja de los muros exteriores se continúa,
hasta
nuestros días, en muchos pueblos de la zona.
- Restos de las vieja muralla Musulmana de
Madrid.
- Tipos Hispano-Musulmanes.
La mujer está
tocada con un pequeño manto y se cubre el rostro con un pañuelo.
El
hombre viste una túnica de manga corta sobre una camisola y un pantalón.
Ambos
calzan chapines de cuero con suela de madera.


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