El día 1 de junio de 1936, comenzó en Madrid, efectivamente, la cuarta, más dura y larga de las huelgas generales de la construcción habidas en la República, que llegó a afectar a ochenta mil trabajadores.

Estaban ya en huelga, desde hacía unas semanas, los obreros de la calefacción, ascensores y saneamientos y llevaban también varios días sin trabajar los de cerveza, hielo y gaseosa.

Entre los camareros, reinaba cierta confusión, pues mientras el Único, de la CNT, había dado orden de huelga general para el día 27, la agrupación, de la UGT, mantuvo su decisión de trabajar y se temían enfrentamientos entre los afiliados de una y otra central. Y esto no será todo.

Cuando los obreros de la construcción lleven dos semanas de huelga, iniciarán la suya los seis mil de la madera y todos los del ramo de la sastrería, que ascendían a unos quince mil. También iran a la huelga, aparte de multitud de obreros de pequeños y medianos talleres y tajos, los trabajadores de Euskalduna, las obreras guanteras, los pellejeros y también las chicas de las fábricas Gal y Floraria.

Una breve y densa historia, que había comenzado a mediados de abril de 1931 con el pueblo festivamente en la calle para proclamar la República, llegaba, a finales de junio de 1936, a un punto en el que la clase obrera había abandonado el trabajo sin que nadie pudiera predecir cuándo y cómo volvería a él.

Por sus implicaciones y alcance, Madrid vivió la huelga más general de todas las huelgas generales, hasta entonces habidas.

La magnitud de las exigencias obreras, la creciente hegemonía de la CNT en la dirección de las luchas sindicales, los rumores de rebelión militar y la debilidad de que daba muestras el gobierno ante estas presiones enfrentadas, convirtieron a Madrid en horno donde se cocían todas las tensiones de la República.

Obreros en lucha con los patronos, la CNT contra la UGT, monárquicos contra republicanos, socialistas de centro contra socialistas de izquierda, Unión Militar Española frente a Unión Militar Republicana, fascistas contra comunistas...

El proceso de fragmentación, que afectó a todas las organizaciones sindicales y políticas y que atravesó a todas las coaliciones, culminó en esta heterogénea multiplicidad de enfrentamientos, sin que emergiera una clara dirección política, capaz de imponer un rumbo a los acontecimientos.

Muy significativo del momento político por el que atravesó la ciudad en la primavera de 1936 fue, que el dirigente más respetado de la clase obrera madrileña - Largo Caballero - evocara con palabras provocadoras la posibilidad de un golpe militar, por las mismas fechas en las que el dirigente más audaz de los monárquicos madrileños - Calvo Sotelo - incitaba, sin tapujos, a los militares a intervenir.

Mientras tanto, el presidente de la República no salía de su aislamiento en la finca del Pardo y el pueblo de Madrid acudía en masa a la proyección de "Morena Clara".

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