La designación de Felipe de Anjou como heredero de Carlos II es acogida con indiferencia en Inglaterra, Holanda y Portugal hasta que el rey francés Luis XIV proclama, en 1704, que ambos tronos pueden ser compatibles.

Es entonces cuando estos países se alían con Austria, para neutralizar la pretensión gala, generalizando el conflicto.

Madrid es la primera ciudad española que atisba el enfrentamiento por un decreto real que la obliga a entregar un "donativo" para gastos militares.

Soldado de comienzos del XVIII dispuesto a disparar una escopeta de chispa.
Lleva un pequeño zurrón y un cuerno de pólvora, casaca militar larga y
sombrero ancho recogido con botones para que no le estorbe la visión.

Los madrileños, debieron contribuir con un real por fanega de tierra labrada; dos reales por fanega de huerta, viña y olivar; un 5% sobre arriendos y alquileres de casas, dehesas, molinos y pastos; un real por cabeza de ganado mayor y ocho maravedíes por cabeza de ganado menor.

La medida fortalece momentáneamente a los adversarios de Felipe, que desbarata un intento invasor en el Alentejo portugués, granjeándose antiguas fidelidades por la victoria.

Sin embargo, los triunfos aliados en Gibraltar, Aragón, Cataluña y Levante le obligan a abandonar Madrid en 1706, dejándola en poder del archiduque austríaco.

La estancia del pretendiente en la ciudad no es nada gratificante. Habiendo entrado el 4 de agosto de ese año, ha de huir el 4 de octubre, luego de comprobar la hostilidad madrileña, que cierra puertas y ventanas a su paso y aclama a Felipe V, vuelto con refuerzos franceses y andaluces.

Desembarco del archiduque Carlos de Austria en Barcelona

La guerra es desigual. En 1707 Felipe V vence en Almansa (Albacete), enviando a la Corte cien banderas tomadas en la refriega, que son depositadas en la iglesia de la Virgen de Atocha, recuperando acto seguido Zaragoza y Valencia. Pero en 1710 cambian las tornas.

Felipe V es derrotado en las cercanías de Zaragoza y ha de retirarse a Valladolid, dejando otra vez Madrid en poder del archiduque, que hace su entrada el 28 de septiembre, luego de haber fijado sus cuarteles en Canillejas, Villaverde, Ciempozuelos y El Pardo.

En esta segunda ocasión, la actitud ciudadana deja de ser pasiva por culpa del pretendiente, que dicta una serie de decretos recibidos con hostilidad manifiesta.

Se obliga, bajo pena de muerte, a los nobles y grandes de España partidarios de Felipe V a dirigirse a Toledo. También, a que en veinticuatro horas, lo hagan cuantos franceses haya en la Villa, aunque sean de familias afincadas siglos atrás.

Los madrileños, por su parte, han de entregar sus armas, especialmente las de fuego. La misma pena capital rige para los que se carteen con partidarios de Felipe V, los que hablasen mal del gobierno o los que vinieran de Valladolid.

La iglesia es obligada a presentar inventario de sus bienes, subastándose parte de ellos - patenas, custodias, copones, ornamentos -, detalle que no hace sino propalar la especie de que combatiendo al archiduque se impulsa la cruzada contra los herejes. La situación, se hace tensa para el austríaco.

La batalla de Villaviciosa despejó el camino para la victoria definitiva
de Felipe V en la llamada Guerra de Sucesión española. (1700 - 1714)

Acosado por fuerzas guerrilleras que aíslan Madrid, rodeado de una población que no deja de gritar sus simpatías por Felipe V, a pesar de las amenazas de ajusticiamiento e incapaz siquiera de crear un regimiento de caballería - ni confiscando los animales precisos por falta de voluntarios que los monten -, el 9 de noviembre abandona su efímera Corte, horas antes de que el Borbón la tomara de una vez por todas.

La batalla de Villaviciosa de Tajuña (Guadalajara), sella bélicamente el conflicto ese mismo año.

Las bajas aliadas son de 3.000 muertos y 12.000 prisioneros, perdiendo 50 banderas, 14 estandartes, 21 cañones, 2 morteros, casi todos los pertrechos y recuperándose la mayoría de las alhajas expoliadas a las iglesias de Madrid y Toledo, restituidas sin tardanza.

Un año más tarde, el fallido archiduque Carlos abandona a sus seguidores, embarcando desde Barcelona para ceñir la corona imperial austríaca (27 de septiembre de 1711), dejando a esta ciudad en una situación crítica hasta su toma y saqueo otro mes de septiembre, el de 1714, en que pierde sus fueros y queda sometida a los de Castilla.

Copyright © 2000 - 2001 por JLL & JRP

Todos los derechos reservados.