PROLOGO

El coronel de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo, jefe de la 513 Comandancia de la Benemérita en Guipúzcoa, es, por méritos propios, el agente antiterrorista más cualificado en la lucha contra la banda criminal E.T.A. Y es por ello también el objetivo más codiciado, no sólo de los terroristas, sino de todos aquellos que apoyan, en cualquiera de las formas, la violencia asesina.

 Es evidente, pues, que el coronel Rodríguez Galindo ocupa un puesto de honor en el camino de la derrota "policial' del terrorismo, y de la lucha por la libertad real de todos.

Eso se lo agradecemos, y se lo agradeceremos siempre, todos los españoles.

 Pero también ha provocado otro tipo de consecuencias, esperables, por otra parte: Los terroristas ya han intentado atentar contra su vida, afortunadamente sin éxito; y los que se mueven en el entorno etarra han lanzado y siguen lanzando campañas inicuas y falaces de desprestigio contra este jefe de la Guardia Civil, pretendiendo, sin ningún fundamento, relacionarle con redes de narcotráfico y contrabando.

 El último capítulo de esta campaña ha sido la publicación de un libro - 'La Red Galindo"- del que es autor un periodista del diario que se ha destacado por ser el portavoz de la banda sanguinaria E.T.A.

El equipo de Investigación de ABC elaboró, en abril y mayo del año pasado, en un tiempo record, un libro-reportaje sobre la operación que culminó con la detención en la localidad francesa de Bidart, el 29 de marzo, de los cabecillas del colectivo "Artapalo". Terminaba así la operación antiterrorista más importante de las habidas contra E.T.A. en toda su historia. Y esa operación se realizaba bajo la dirección de Enrique Rodríguez Galindo y gracias al abnegado trabajo de sus hombres.

En un momento en el que, desde sectores "filoetarras", se pretende poner en cuestión el buen nombre del coronel jefe de la Comandancia de Guipúzcoa, un grupo de amigos y admiradores del insigne militar han querido que este libro-reportaje que, por razones ajenas a sus autores, no se editó en su momento, vea la luz ahora como homenaje al "azote de E.T.A.", como se ha denominado a Rodríguez Galindo.

El conocimiento de la forma en que se desarrolló la operación de Bidart es un botón de muestra del trabajo incansable que la Guardia Civil, junto con los otros cuerpos de las Fuerzas de Seguridad del Estado y la inestimable colaboración de Francia (aunque durante esta operación se produjeron algunas importantes disfunciones), realiza para acabar con el grupo de delincuentes que tiene en su haber más de setecientos asesinatos.

Los beneficios de este libro-reportaje, cuando, en el mes de junio del año pasado, se entregó para su publicación a una importante empresa editora, iban a ser destinados al Colegio de Huérfanos de la Guardia Civil. Tal intención se mantiene, por considerar que los hombres y mujeres de la Guardia Civil encabezan, por su número, la lista de víctimas de E.T.A.

Madrid, Julio de 1993

 

CAPITULO I

 

"BRUNO"

La cabeza de José Arregui Erostarbe estaba ensangrentada. "Fitipaldi", el "dinamitero de E.T.A.", acababa de recibir un culatazo de un agente del R.A.I.D., cuando haciéndose pasar por policía intentaba huir de un caserío de Bidart. El terrorista, que se taponaba la herida con un pañuelo, no daba crédito a lo que estaba viendo: la dirección de E.T.A., formada por "Pakito", "Txelis" y él mismo, estaba siendo desmantelada. Pero lo que desde luego no podía imaginar es que una de las piezas fundamentales de la operación que concluyó con su captura había sido colocada por un tal "Bruno".

- Mira, mira estas fotos. Son dos jóvenes de Rentería. Se llaman Patxi y Anselmo.

El colaborador observó las fotografías con máximo detenimiento y después dirigió la mirada hacia el coronel.

- Son de Rentería ¿sabes?. Amigos de Susperregui, el que huyó cuando lo de Carmen Guisasola. Creemos que andan en algo gordo.

La curiosidad intrigaba a "Bruno", pese a su experiencia. ¿Qué, es algo gordo?.

- Eso es lo que necesito que averigües urgentemente. ¿Comprendes?, urgentemente. Además se han movido mucho por aquí y ... y en Madrid. No sé que han hablado de un helicóptero. Entérate de lo que pasa.

Mientras apuraba un empalagoso pastel, "Bruno", el fiel "confidente", escuchaba la exigencia de una nueva colaboración que conduciría a la recta final de una minuciosa investigación que, de un solo golpe, descabezaría a E.T.A.. Aquel mediodía de finales de febrero, desde el hotel Lafon, de Hendaya, partía el camino que llevaría al caserío de "Xilocan", en Bidart.

A las once de la mañana, el coronel de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo abandonó, en un coche camuflado, el acuartelamiento de Intxaurrondo (Guipúzcoa). Durante el trayecto, a unos cien metros por delante, circulaba un vehículo de protección. Al mismo tiempo, un grupo de agentes del Servicio de Información tomaba posiciones dentro y fuera del hotel Lafon. Se revisó cada rincón palmo a palmo y antes de que llegara el coronel, llamado por sus hombres 'T F (primer jefe), se produjo la última comunicación de seguridad:

- J- 1 para T-8

- Adelante

- En previsto

- Barra libre con cerveza para todos

La contraseña revelaba que la situación estaba bajo control y que "Bruno", de nacionalidad francesa, esperaba en el hotel. Al final del mostrador del bar, el confidente, como en otras ocasiones, consumía un café. Hacia tres días que había recibido, a través de una persona vinculada a una sociedad de apoyo al "euskera", un mensaje "urgente" del coronel, y allí estaba en el hotel, cerca de la

playa de Hendaya, intrigado por el contenido de la nueva cita. Tras un rutinario saludo, "Bruno" felicitó a Rodríguez Galindo por su reciente ascenso a coronel. El militar agradeció con gestos las palabras de su confidente y ambos pasaron al comedor. Se sentaron alrededor de la mesa que tenían reservada, muy próxima a la que desde quince minutos antes ocupaban dos agentes del servicio de seguridad.

Como casi siempre, Rodríguez Galindo y "Bruno" no prestaron mucha atención a la comida. Los platos se sucedieron mientras hablaban de la situación financiera de E.T.A., que estaba colocando a muchos "refugiados" mal pagados al borde mismo de la rebelión, insatisfechos con el modo en que Francisco Múgica Garmendia, "Pakito", gestionaba los recursos económicos. Analizaron también el aprieto en el que la "Ertzaintza" había situado a los abogados de Herri Batasuna, con el desmantelamiento de la red del cobro de extorsiones a empresarios, y de la reciente desarticulación del comando "Vizcaya". Tocaron de pasada y casi sin interés el tema de la autovía de Leizarán y el de una hipotética negociación. Y ya al final, con la llegada de los postres, el coronel Rodríguez Galindo informó al confidente del objetivo real de la cita: "Entérate de lo que pasa con un helicóptero y con Anselmo y Patxi".

La conversación no se prolongó más y "Bruno" abandonó el hotel con la misión de informarse sobre algo que se decidiría al más alto nivel dentro de E.T.A.. El cometido era difícil y peligroso, pero sus relaciones con la banda le permitían conocer las decisiones más secretas. Una vez más estaba dispuesto a delatar a sus correlígionarios. Ni siquiera su mujer, partidaria de las acciones de E.T.A., tenía conocimiento de las informaciones que facilitaba a la Guardia Civil. Las iniciales posiciones de "Bruno", de apoyo absoluto a los huídos de E.T.A., habían derivado hacia una colaboración encubierta con el Servicio de Información del coronel Rodríguez Galindo. Al tiempo, supuestamente, mantenía su apoyo incondicional a la banda de malhechores. Ahora, sus confidencias llevarían a la cabeza de la serpiente.

CAPITULO II

 

'LA BROMA DE LA GORDA"

La información de "Bruno" sería decisiva para llegar al caserío de "Xilocán", en Bidart, pero el punto de partida para el descabezamiento de E.T.A. lo marcó Carmen Guisasola Solozábal, "La Gorda", cuando fue detenida, el 17 de noviembre de 1990, en un control policial en Saint Martin de Seignanx.

 Responsable por orden de la dirección etarra de los comandos que operaban en España, en sustitución de José Javier Zabaleta Elósegui, "Baldo", "La Gorda" cayó en la red de la Gendarmería Nacional francesa en el momento más oportuno: cuando iba a poner a disposición de Francisco Múgica Garmendia, "Pakito", a varios terroristas. La entrevista iba a realizarse en un lujoso caserío, con piscina incluída, y el número uno de la banda les entregaría las armas y documentos de identidad falsos para pasar al "interior". Aquellos individuos que acompañaban a "La Gorda" eran los elegidos para integrar el comando "Araba", además de una mujer que iba a ser destinada a reforzar el "Barcelona". A raíz de las investigaciones abiertas, cinco días después fueron detenidos en Nantes (Francia) los hombres con los que ETA pretendía formar el nuevo comando "Nafarroa".

 Pero además de desbaratar los planes de reconstrucción de comandos fundamentales para la banda, la detención de "La Gorda" desencadenó lo que año y medio más tarde constituiría un golpe mortal para E.T.A.. Carmen Guisasola portaba entre su documentación anotaciones sobre la localización de algunos terroristas que se ocultaban en Rentería (Guipúzcoa) tras huir de Navarra, después de! enfrentamiento del comando "Nafarroa" con la Guardia Civil en la Foz de Lumbier, en junio de 1990. Algún gendarme filtró los datos a la Policía española y fueron detenidos. Estos hechos sembraron gran inquietud en Rentería, y en especial en Anselmo, que decidió esconderse en lugar seguro durante quince días. Pasadas las dos semanas decidió salir de su madriguera, convencido de que se había asustado por una falsa alarma. Se equivocaba. Los agentes del Servicio de Información de la 513 Comandancia de la Guardia Civil (Guipúzcoa) ya habían puesto sus ojos sobre el temeroso Anselmo.

 A finales de noviembre de 1990, los hombres de J-1 sorprendieron a un importante dirigente de Jarra¡, de San Sebastián, en una situación muy comprometida que podía poner en peligro su fulgurante ascensión dentro de la organización juvenil del "complejo ETA". El cabo M.L. y el guardia segundo R.M., especialistas en el trato con estas personas, le abordaron abiertamente y a cambio de su silencio obtuvieron una importante información: un tal Anselmo, que trabajaba en un taller de Oyarzun (Guipúzcoa), estaba escondido desde la detención de "La Gorda". Facilitó también, entre otros, datos sobre una serie de individuos de Rentería que frecuentemente quemaban vehículos, así como sobre un grupo de Andoain que colocaba artefactos incendiarios en bienes de las empresas adjudicatarias de las obras de la autovía de Leizarán. Los agentes de la Guardia Civil, sin darles oportunidad alguna al descanso, identificaron plenamente a los dos grupos y días después sus integrantes fueron detenidos.

El dirigente de Jarra¡, incorporado desde entonces a la larga lista de confidentes de la Guardia Civil procedentes de los sectores más radicales, había aportado las pistas suficientes para que los hombres de Rodríguez Galindo pusieran fin a una serie de sabotajes e incendios, que habían ocasionado daños por valor de más de ochocientos millones de pesetas. Pero sobre todo, el confidente había arrojado sobre Anselmo la sombra de la Guardia Civil, sombra que le acompañaría más que la suya durante los meses siguientes.

La unión de los pocos datos que se tenían sobre "el tal Anselmo" y muchas horas de investigación revelaron que sus apellidos eran Olano Arbelaiz, que era hijo de Luis y María, que había nacido en Rentería el 25 de agosto de 1967, que era vecino de la misma localidad, con domicilio en la calle Pablo Iglesias, y que estaba empleado en talleres Olano del polígono industrial Ugaldetxo, de Oyarzun, dedicado a la venta y reparación de maquínaria para la conservación y mantenimiento de grandes espacios ajardinados. Entre los amigos de Anselmo destacaba Patxi, identificado como Francisco Javier Rollán Rodríguez, hijo de Pedro y Feliciana, nacido en San Sebastián el 22 de mayo de 1965, vecino de Rentería, con domicilio en la calle Vicente Elícegui, y empleado de la Papelera Española. Estos dos individuos frecuentaban la sede del sindicato LAB de Rentería y participaban en numerosas actividades en apoyo de los presos de E.T.A.

A la vista de estos datos, el capitán "Mic" ordenó al teniente '7ei" que se hiciese cargo, al frente de su grupo operativo, de las investigaciones sobre Anselmo y Patxi. Comenzaba así la operación "Cantábrico".

Durante meses y meses, los movimientos de estos dos individuos fueron minuciosamente controlados y registrados. En los informes incluso se llegaba a especificar el tipo, marca y cantidad de bebida ingerida - casi siempre abundante- por Anselmo y Patxi; la frecuencia con que mantenían, o no, relaciones sexuales; el tipo de transportes que utilizaban en sus desplazamientos; si tomaban vacaciones o una baja laboral en alguna fecha exacta con una finalidad concreta; si hacían deporte, olvidando después la ducha ... Todo era controlado y anotado. El objetivo de la vigilancia era detectar posibles contactos de estos individuos con miembros de E.T.A. Nunca se desvaneció la esperanza de que Anselmo pudiera llevar al comando "Donosti" y además, había que encontrar respuesta a la pregunta: ¿Por qué Anselmo se escondió tras la captura de "La Gorda"?.

Simultáneamente, los hombres de 'U-F' desarollaban otra operación que exigía en ese momento mayor número de efectivos especializados. Rodríguez Galindo ordenó congelar la operación "Cantábrico" y volcar los esfuerzos en la "Caramelo". Las comidas en casa se cambiaron por bocadillos y platos combinados, las horas de trabajo se multiplicaron, la consigna era clara: "hay que capturar al comando "Donosti", que nos ha matado a dos compañeros en menos de seis meses". Las dos mil personas que viven en el cuartel de Intxaurrondo se contagiaron de la misma preocupación.

Pero los resultados no se hicieron esperar. En pocos meses se consiguió identificar a todos los componentes de un comando de apoyo al "Donosti", llamado por sus integrantes "Ipar Haizea" (Viento del Norte). Conocida la identidad de los terroristas, fueron día y noche vigilados para acceder al escalón superior: el "Donosti". Dado que se trataba de una docena de terroristas y a que era preciso tener controlados continua y simultáneamente a todos ellos ante la posibilidad de que cometieran un atentado, las dificultades a superar y el ingenio que derrocharon los agentes fueron extraordinarios.

Los nervios de los miembros del Servicio de Información se 

encontraban a flor de piel por el cansancio acumulado y por la sucesión de graves atentados en cuatro noches consecutivas. Parecía claro que la ofensiva terrorista pretendía disuadir a las autoridades sobre la conveniencia de que Sus Majestades los Reyes visitasen Guipúzcoa a partir del 30 de julio. En torno a las mesas de trabajo se analizaba la conveniencia de desarticular al comando Ipar Haizca" para reducir las posibilidades de atentado durante la visita de Don Juan Carlos y Doña Sofía, pero perdiendo la oportunidad de llegar hasta el comando "Donosti". La decisión no era fácil. Las reuniones se sucedían en el Gobierno Civil y en otras instancias, pero después de todo tipo de deliberaciones y a todos los niveles, el Gobierno optó por la decisión más sensata: dejar que los técnicos resolvieran los problemas técnicos. Así, se determinó que se diera por bueno lo que decidiese Rodríguez Galindo, como más cualificado e inmediato conocedor de la potencial peligrosidad de los terroristas que operaban en Guipúzcoa. "J- 1 " se reunió a deliberar con sus oficiales y tomó su decisión: se mantendría la vigilancia sobre el "Ipar Haizea" sin proceder a su desarticulación hasta que se llegase al "Donosti". La decisión fue transformada por los capitanes "Mic" y 'Tonsai" en una sucesión de órdenes.

CAPITULO III

 

"SALTO LA CHISPA"

Anselmo apoyaba el codo izquierdo al final de la barra del bar "Landare", de Rentería. No pidió ninguna bebida, ni siquiera un "zurito" de la cerveza que tanto le gustaba. En el local, frecuentado mayorítariamente por "abertzales", aquella tarde había poca gente. Anselmo, que vestía la camisa y pantalones vaqueros de siempre, no retiraba los ojos de la puerta. Su estatura le aportaba un buen puesto de observación. A la hora prevista vio cómo un individuo, antes de entrar en el bar, miraba bruscamente a izquierda y derecha. No observó nada anormal y plenamente confiado se adentró en el local. Su primera visita fue al retrete y cuando salió se dirigió directamente a Anselmo. Se hablaron casi al oído y pasados tres minutos, en los que la voz cantante la llevaba el desconocido, salieron del bar y tomaron caminos opuestos. Este breve contacto llenó de esperanzas al teniente '7ei" y a su equipo. El desconocido era José Ignacio Echeverría Pascual, "Josetxo", jefe del comando "Ipar Haizea". Esa tarde salió de su escondite, en la calle María de Lezo, por primera vez desde que fuera asesinado a tiros Raúl Suárez Fernández, 'Vocoliso", a quien algunas voces relacionaban con el tráfico de drogas. La importancia de la entrevista con Anselmo compensaba el riesgo.

 El oscuro bar "Landare" arrojó luz sobre la actividad de Anselmo. Por fin se tenía constancia fehaciente de que mantenía relaciones con terroristas. Los investigadores sumaron este dato a la sospechosa visita que hizo, junto con Patxi, el 17 de junio a Jesús María Echeverría Garaicoechea, preso de E.T.A., en la cárcel de Martutene. La chispa que saltó en el bar "abertzale" "I_andare" - la confluencia de la operación "Cantábrico" con la "Caramelo"originó una nueva reunión de los oficiales, suboficiales y cabos de] Servicio de Información. Tras largas horas de análisis, se adoptó como hipótesis más probable que Anselmo estuviese realizando labores de enlace o de "correo" de] comando 1par Halzea", bien con los "liberados" del "Donosti", en caso de que se tratase de un comando de apoyo, bien con la propia dirección de E.T.A., en caso de tratarse de un comando "legal" independiente. Estos hechos reactivaron la operación "Cantábrico" mientras que acercaban a la "Caramelo" a su final.

Para esta última, el día "D" fijado por Rodríguez Galindo por aquel entonces teniente coronel- sería el 19 de agosto, una vez pasada la Semana Grande de San Sebastián. El objetivo era la detención simultánea de los integrantes de los comandos "Donosti" e 1par Haizea".

En aquellas fechas, casi una tercera parte de los agentes del Servicio se encontraba disfrutando de unas merecidas vacaciones, pero el día 15 por la noche recibieron una llamada telefónica: "Regreso urgente a San Sebastián". Las últimas investigaciones obligaron a adelantar unos días las detenciones.

Ante la mirada estupefacta de los hombres del teniente "Bost", los integrantes del comando "Ipar Haizea" preparaban el ametrallamiento de los funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía que prestaban vigilancia en una garita del paseo Urumea, de San Sebastián.

El 15 de agosto fue un día de máxima tensión. Las intenciones de los terroristas habían sido descubiertas y la sombra de la Guardia Civil tenía que convertirse, una vez más, en la sombra invisible de los etarras. Los integrantes de] Comando Ipar- Haizea tuvieron una reunión, después se trasladaron a la sede de Herri Batasuna de] paseo de Zubiaurre, de San Sebastián, y por último, a las nueve de la noche, se encaminaron hacia la sociedad---Aritza", del barrio de Amara Viejo (sede de Herri Batasuna), donde los elementos del grupo "Nlugarri", de Irún, les entregarían las armas, unos subfusiles, para matar a los policías.

Pero antes de las nueve, los guardias segundos J.K. y L.B., que se encontraban a bordo de un coche oficial en la Plaza Easo, próxima a la sociedad "Aritza" , se llevaron una sorpresa. Un Renault-5, matrícula SS-1702-V se estacionó detrás de ellos. El conductor, Ignacio Recarte Ibarra, a quien acompañaba Juan Ramón Rojo González, miembro como el del comando "Mugarri", solicitó a los agentes desde el interior de su vehículo, que desplazasen unos centímetros hacia adelante el coche oficial para poder estacionar mejor su turismo. Con celeridad y amabilidad, los agentes dejaron un hueco mayor para el Renault-5 de los terroristas.

Recarte y Rojo pusieron sólo el seguro al coche y se dirigieron al lugar de la cita. Allí estaban Josetxo Echevarría y María del Amor Sagastume Arrieta, "Maitane", que extendieron sus brazos y manos no para un tradicional saludo sino para coger la bolsa de deporte con las armas con las que querían matar a los policías.

El siguiente paso en la planificación de este asesinato lo dieron Sergio García Razquin e Ignacio Cañas Cartón, "Yuyu ', ' miembros también del comando "Ipar Haizca". El día 16 tomaron posiciones en los alrededores de la garita que pensaban ametrallar. Midieron con detalle tiempos y distancias, y estacionaron el Fiat 1 de Iñaki, matrícula SS-5093-AD, en el lugar más adecuado para emprender la huída. Cada uno de sus movimientos fue controlado y anotado al igual que lo eran, en otros lugares, los de Anselmo y Patm.

Los hechos observados los días 15 y 16, dentro de la operación "Caramelo", motivaron una nueva reunión en Intxaurrondo. Cada jefe de grupo expuso la interpretación que daba a los movimientos observados y se llegó a la conclusión de que el atentado contra los policías era inminente. Rodríguez Galindo ordenó que esa misma noche se practicaran las detenciones.

A las cuatro y media de la madrugada comenzaron los arrestos, hasta un total de veinte, y se efectuaron más de treinta registros domiciliarios, la mayor parte de ellos simultáneos. Dos tiroteos ensombrecieron la operación. El primero lo mantuvo Josetxo Echeveverría en un piso de Rentería con fuerzas de la Unidad Especial de Intervención (U.E.I.) de la Guardia Civil. El segundo, que comenzó apenas dos horas después de que hubiera terminado el otro, sobre las nueve y media del día 17 de agosto, no concluyó hasta la una y media, cuando dejaron de salir balas a través de las ventanas de la casa "Tolar- Etxea" del barrio de Morlans, de San Sebastián. El tiroteo fue abierto por los tres "liberados" del comando "Donosti", cuando los agentes del Servicio de Información y los del Grupo Antiterrorista Rural de la Guardia Civil pretendían detenerlos. Un capitán de la primera unidad resultó herido grave y un cabo de la segunda quedó hemipléjico por las balas de los etarras. Los tres miembros "liberados" del "Donosti" - Juan Ignacio Ormaechea Antepara, José Joaquín Leunda Mendizábal y Francisco Iciar Aguirre- fallecieron en el enfrentamiento.

Por el golpe dado a uno de los grupos más sangrientos de E.T.A., "J-I" y sus hombres recibieron cientos de felicitaciones. Mientras se saboreaba la euforia, los agentes del teniente "Zei" seguían de cerca a Anselmo. Y la misma pregunta: ¿Por qué se ocultó el 17 de noviembre cuando fue detenida Carmen Guísasola, y exactamente nueve meses después, cuando parecía que le tocaba más cerca, no se quitaba de enmedio? ¿Acaso se seguía una pista falsa? Todas las hipótesis eran posibles y en ese momento * de incertidumbre, un agente recordó a sus compañeros la siguiente anécdota: "Mientras José Antonio López Ruiz, "Kubati", tras ser detenido, cenaba en la Dirección General de la Guardia Civil de Madrid, se dirigió al agente segundo que le custodiaba, -un guardia formado en la lucha contra el terrorismo en la comarca del Goierri (Guipúzcoa)- y le dijo de pronto, como sin poder evitarlo: 11 ¿Sabes?, he estado toda la tarde pensando, y qué razón tenía quien os bautizó con el nombre de "txakurrak" (perros), pues desde luego no hay sabuesos como vosotros. Si encontrais la menor pista no os dais por satisfechos hasta no haberla explotado al límite. Yo soy 14 gudari" porque he nacido en Euskadi, pero si hubiese nacido en Badajoz, me habría hecho guardia civil, porque vosotros sois los 1. gudaris" de España". El guardia levantó la vista, le miró fríamente, la volvió a bajar impasible y continuó su trabajo.

CAPITULO IV

 

"LOS SANTOS INOCENTES"

 

El trabajo de los hombres del teniente '7ei" sobre Anselmo cumplía en el otoño de 1991 un año. Hasta entonces, se habían obtenido datos importantes pero se tenía la convicción de que el "rnejor de todos" todavía no había llegado. Y las sospechas una vez más eran fundadas. Fue el 22 de diciembre cuando "Patxi", viejo amigo de Anselmo, dio los pasos que rompieron con la monotonía de los últimos meses de investigación. Este joven, de ancha espalda, paso seguro y rostro agraciado fue localizado en la mañana de ese día en ruta desde Rentería a Irún en el interior de un Volkswagen Golf GT1, matrícula SS-2402-AD que conducía su hermano Juan Víctor. Un tercer individuo se sentaba detrás. Todo parecía normal hasta que cruzaron la frontera y tomaron la carretera nacional RN - 10 hacia Biarritz.

 El coche, nada más entrar en Guéthary, giró a la derecha por una estrecha carretera de asfalto negro hasta llegar a la iglesia cementerio del pequeño pueblo. En la calle, el silencio era permanente; en las casas, de típica construcción vasca, las gentes se cobijaban por costumbre y frío.

 A las once y media en punto, los individuos descendieron del coche y reconocieron el terreno, prestándole más atención a las inmediaciones del cementerio que a la magnífica iglesia colindante. Los agentes tenían que controlar los movimientos del trío y al mismo tiempo disimular su presencia en un lugar de difícil vigilancia. A las dos menos cuarto, Patxi y sus acompañantes cruzaron la frontera de regreso a España por el puente internacional de Santiago.

 Esa misma tarde, los oficiales del Servicio de Información se reunieron para analizar lo sucedido. Era significativo que tres jóvenes se desplazaran desde Rentería a Guéthary - treinta kilómetros de distancia- sin motivo aparente (se descartaban el turismo y las compras). Además, resultaba extraño el examen tan detallado que habían realizado sobre los alrededores de la iglesia.

 Las primeras investigaciones revelaron que el coche era propiedad de María del Pilar Iturrioz Pagola, de veinticinco años, novia de Juan Víctor Rollán, Jon. A la vista de los acontecimientos, el capitán "Bonsai" dio órdenes determinantes: vigilar Guéthary y controlar a los hermanos Rollán. Su instinto y experiencia, una vez más, no le fallaron y el Día de los Santos Inocentes sus dos cometidos confluyeron.

 Aquel mediodía del 28 de diciembre, frío y soleado, Jon llevó a su hermano Patxi a Guéthary en el Golf blanco. A las cuatro menos cuarto de la tarde el vehículo se detuvo en la calle de L' Eglise y descendió Patxi, que encaminó sus pasos hacia la iglesia- cementerio, en cuya puerta se detuvo pocos segundos antes de las cuatro. Su paso decidido, su corpulencia y sus 185 centímetros de altura constituían un marco de seguridad con el que disimulaba gestos de nerviosismo. Bajo el pórtico de la iglesia, el gigantón, que era llamado 'Trankie" en clave por los agentes de la Guardia Civil, comenzó a mirar hacia todos los lados. Realizó cuatro o cinco cortos recorridos de no más treinta metros de distancia, escudriñando cuanto le rodeaba y regresó junto a la puerta de entrada.

Ahora estaba mucho más tranquilo y convencido de que nadie le obersevaba. De hecho, a esa hora la zona estaba desierta. Confiado al fin, justo a las cuatro de la tarde, sacó algo del bolsillo de su zamarra de paño de color azul marino, la que llevaba siempre. El teniente "Bi" y el sargento "Rafi", que eran las dos personas que estaban más próximas, vieron que se trataba de un pañuelo foulard, de color negro. Con parsimonia, como si de un ritual se tratase, Patxi se añudó el pañuelo al cuello, miró el reloj y se metió las manos en los bolsillo. El corazón de los dos agentes sufrió un acelerón y más de un escalofrío recorrió la espalda del teniente, menos habituado a estas lides que el veterano sargento.

¡Una contraseña! ¡Se trata de una cita con alguien que no conoce y está esperando que aparezca! Esas fueron los pensamientos coincidentes de los dos agentes. El oficial comunicó por radio lo que sucedía:

- "Bi" para 4Hiru 11

- Adelante "Bi"

- 'Trankie" en la parada del autobús esperando al cobrador

- Recibido

A las cuatro y trece minutos, Patxi, viendo que nadie acudía a la cita, se quitó el pañuelo, echó a andar hacia el centro de Guéthary y dedicó los treinta y tres minutos siguientes a caminar sin rumbo. Diez minutos antes de las cinco de la tarde repitó la misma ceremonia, con algo más de confianza en su seguridad, pero mostrando ya cierta impaciencia y contrariedad. A las cinco se colocó el pañuelo y quince minutos después se lo quitó. Se alejó de la zona en dirección a la RN- 10, donde le recogería su hermano.

El capitán 'Tonsai" informó de los sucedido a Rodríguez Galindo, que pudo verificar, una vez más, que sus interpretaciones

coincidían con las que hacían sus oficiales: alguien había concertado una cita con Francisco Rollán en la iglesia- cementerio de Guéthary para las cuatro de la tarde de] 28 de diciembre. Por la razón que fuera, la persona que debía acudir a la cita por parte francesa no lo había hecho. No obstante, cabía la posibilidad de que Patm volviese a intentarlo, que tratase de llevar a cabo lo que en el argot se denomina "cita de seguridaC. En cualquier caso, había muchos motivos para darse por satisfechos. ¡Era la prueba definitiva de que Patm y Anselmo podrían conducir a los hombres de 'J- 1 " a un nuevo éxito!.

 

CAPITULO V

 

“AÑO NUEVO, TRAMPA NUEVA”

La posible cita del sábado siguiente, 4 de enero de 1992, se preparó con una minuciosidad. La casi totalidad de los integrantes del Servicio de Información de la 513 Comandancia se vieron implicados, de una forma u otra, en la planificación y ejecución de la esperada entrevista de Patxi con el desconocido. Los hombres de Intxaurrondo trabajaron contra reloj, confl ados en que podría producirse el contacto ese mismo sábado y convencidos de que, si no llegaba a realizarse, pasarían muchos meses antes de que hubiese otra oportunidad similar. A toda costa debía ponerse la "carne en el asador" para alcanzar los objetivos.

En esta ocasión, los agentes tampoco pudieron disfrutar de unas fiestas familiares. La Nochevieja, como en otras tantas ocasiones, por atentados o por razones del servicio, sería distinta a la de la mayoría de los españoles: no habría cava ni uvas, sino pantallas de ordenador encendidas, vehículos custodiando los rincones más susceptibles de sufrir sabotajes y bocadillos. En definitiva, no se podían escatimar dos días para la preparación de la cita. Entre tanto, Anselmo, Patxl y Jon celebraban un tópico y típico fin de año. Lo único anormal que hicieron en esos días fue pegar algunos carteles por Rentería junto con algunos amigos, expresidiarios de ETA, en los que se pedía la libertad de los numerosos presos de la localidad.

Cayeron las tres primeras hojas del calendario y llegó el sábado. Un impresionante despliegue tomó posiciones a ambos lados de la frontera. En Francia, más de sesenta agentes con el máximo nivel de especialización cubrieron la cita; en España, el número era mayor. Mientras, Patxi, a las dos y cuarto de la tarde, después de comer, salió de su casa en Rentería, tomó su bicicleta y se trasladó al domicilio de Anselmo. Éste, que se había dejado perilla, ayudó a su amigo a subir el vehículo en una furgoneta del taller de su padre y le llevó hasta Irún, donde le abandonó.

Patxi, convencido de que si cruzaba la frontera disfrazado de ciclista nadie pensaría que era un etarra, pasó el otro lado del puente como si tal cosa. Pedaleó con esfuerzo los más de diez kilómetros en cuesta que separan Hendaya de Guéthary y llegó a su destino, sudoroso, con más de veinte minutos de antelación sobre la hora prevista para la cita. Los primeros agentes que vieron llegar a 'Trankie" le reconocieron pronto pese a que se había dejado una barba negra en la última semana. Vestía chandal azul, chubasquero y zapatillas deportivas. Lo que no se comprendía bien era el motivo de la mochila que portaba. ¿Para qué si el recorrido era tan corto? ¿Sería para introducir en España algo que iban a entregarle en la cita? Disquisiciones al margen, lo cierto era que los investigadores no cabían en sí de alegría. El esfuerzo había merecido la pena. El guardia segundo "Gu" dio la novedad por transmisiones:

- "Hiru" para "Gu"

- Adelante

- 'Trankie en previsto. Negativo cobrador

- Recibido

El teniente comprendió que 'Trankie" había caído en la red. Sólo faltaba que el desconocido tuviera el mismo destino.

Lo que ansiaban con tanta vehemencia los más templados guardias civiles sucedió cuando dos individuos se apearon de un Renault-19, color blanco, matrícula francesa 1753-TG-64, que estaba estacionado muy próximo al cementerio, al comienzo de] Chemin de Laharraga. Los dos desconocidos, uno muy alto y otro muy bajo, caminaron hacia la iglesia. En el trayecto hablaron distraidamente, como si fuesen unos vecinos más de la localidad. Al más chaparro le delataba una "mariconera" en la que, con toda seguridad, guardaba una pistola. Diez minutos antes de lo previsto, a las cuatro menos diez, los dos sujetos observaron que Patxi llevaba un foulard negro al cuello. Los tres se sonrieron.

Aún no había tenido tiempo el capitán "Mic" para comunicar a Intxaurrondo los nuevos datos de la operación cuando el más alto de los desconocidos se despidió, regresó al vehículo y tomó la RN - 10 en dirección a Bayona. En el ínterin, el agente J.J. tomó buena nota de las dos antenas del Renault 19 (una de ellas de teléfono) y de una palabra que figuraba en letras rojas, sobre fondo verde, en ambas puertas delanteras. Si algo estaba claro era que el que se acaba de marchar tenía que gozar de la total confianza del de la "rnariconera"; de lo contrario, no le habría permitido presenciar la cita. Se pensó que podía ser el conductor del bajito y se le denominó "Taxi".

Se trataba, pues, de una cita de verdad, una auténtica cita orgánica de E.T.A. Sin temor a equivocarse, el capitán "Mic" informó de la novedad a San Sebastián:

- "Mic" para base verde

- Adelante "Mic"

- Participe a "J-1" que 'Trankie" ha comprado un billete al cobrador

- Recibido

Al recibir la noticia, Rodríguez Galindo cerró las manos y apretó los puños con energía un par de veces. El mismo ademán del atleta al conocer la marca que acaba de superar. ¡Había merecido la pena aguantar la operación "Cantábrico" durante más de un año para poder ver nacer la operación "Brorna"! (llamada así por haberse iniciado el Día de los Santos Inocentes). La espera hasta que regresasen sus oficiales para informarle cumplidamente se le haría larga, y habría momentos de tensión entre noticia y noticia, pero la experiencia le decía que de nada iba servirle ponerse nervioso.

Entre tanto, Patxi y su acompañente - el de la "rnariconera"un hombre maduro, con ojos muy claros y escaso pelo, siguieron su paseo por el centro de Guéthary y su playa, llamada Cenitz, Al cabo de tres horas, a las siete de la tarde, cuando sólo la oscuridad poblaba las calles desiertas de la pequeña localidad costera, pusieron fin a la reunión. Regresaron a las proximidades de la iglesia, donde el gigantón había dejado la bicicleta de carreras. Patxi abrió el candado y se separaron. Mientras el calvo se perdía de vista andando, incluso corriendo en algunos tramos, Patxi permaneció inmóvil, tratando de detectar el más mínimo indicio de que alguien pudiera estar espiando la retirada de su contacto. Convencido al fin de que todo estaba en orden, comenzó a pedalear hacia España con visibles muestras de satisfacción. Lo que él no sabía era que su contravigilancia y la de otros individuos que en algunos momentos merodearon por Guéthary había sido inútil: la Guardia Civil, con su callado y continuo trabajo, había llegado hasta la Residencia Elizaldia, 11 guarida" del hombre de la "rnariconera".

Si Patxi estaba satisfecho, mayor alegría había en Intxaurrondo. Todo el mundo había estado pendiente de la posible cita. El teniente "Bi", que accidentalmente estaba en Madrid aquel día, no pudo evitar la tentación de llamar por teléfono para informarse. Se acercó a una cabina de la calle Ríos Rosas y marcó el 943.27.66.11. Preguntó por el teniente '7ortzi" y éste le le dijo eufórico: "Positivo. Todo según lo previsto". El teniente preguntó impaciente por la identidad del desconocido. La respuesta le dejó clavado: "El número dos o el número tres".

En efecto, los mejores fisonomistas del Servicio miraron una y otra vez las fotografías tomadas por los operativos, aunque en el vídeo se apreciaban mejor muchas de las características de "Taxi" y del hombre de la "mariconera". En poco más de una hora determinaron que el primero no tenía ningún parecido con los terroristas españoles escondidos en el sur de Francia, lo que reforzaba la hipótesis de que pudiera tratarse de un individuo de nacionalidad francesa que sirviese como chófer al otro. Respecto al segundo, la polémica era viva y la cuestión no llegaría a ser resuelta hasta finales de mes. Al parecer, tenía rasgos fisionómicos coincidentes tanto con los de "Txelis" como con los de "Fiti". ¡"Txelis" o "Fiti"!. Casi daba lo mismo. Ambos estaban considerados como máximos dirigentes de la banda, miembros del "comité ejecutivo". Al primero se le relacionaba con la dirección política de E.T.A. y de todo el complejo de organizaciones legales e ¡legales que giran en derredor suyo, y que sobreviven gracias al amparo del terror. El segundo, mucho menos preparado intelectualmente, estaba al frente del complicado aparato logístico de la banda, con la reponsabilidad de coordinar todo lo referente a armamento, explosivos, paso de terroristas de un lado a otro de la frontera, falsificaciones de documentos y otras cuestiones similares de vital importancia para la supervivencia de los comandos. Tanto uno como otro podrían

ocupar el segundo y tercer puesto en el escalafón de la banda. Tal vez, incluso alguno de los dos fuese el auténtico número uno.

El acontecimiento era trascendental: la Guardia Civil había accedido, una vez más, a la cúpula dirigente de E.T.A. Los dos últimos máximos dirigentes que habían caído por investigaciones de la Benemérita, cumplían condena en prisiones francesas. Se trataba de José Javier Zabaleta Elósegui, "Baldo", y de Jesús Arcauz Arana, "Josu de Mondragón". Zabaleta cayó en Biarritz al amanecer del domingo 23 de septiembre de 1990. Su lugarteniente, Josu Arcauz, pudo "escapar" porque en una reunión secreta celebrada entre el comisario Passotti Oefe de la Policía Judicial en aquellas fechas) y Rodríguez Galindo, se había decidido que su libertad convenía mucho para el desarrollo de las estrategia que se había diseñado para capturar al "comité ejecutivo" en pleno. Agentes del cuerpo policial francés llamado Reseignments Generaux frustaron esta estrategia, que en ningún momento había fallado, y detuvieron a "Josu de Mondragón" en marzo de 199 1.

A principios de 1992, los hombres de "J-1" habían recuperado la posibilidad de descabezar a la patronal del terror. Quedaba por diseñar la estrategia a seguir.

La táctica se iría perfilando poco a poco. Había que hacer simultáneas dos operaciones: La "Cantábrico", cuyo objetivo era averiguar la misión que la banda tenía reservada a Patxi, Anselmo y Jon, y la novísima "Broma", cuyo objetivo era capturar a Francisco Múgica Garmendia, considerado como el máximo responsable de E.T.A.